Construir el futuro con ladrillos del pasado

En México estamos acostumbrados a padecer la distancia entre el dicho y la acción gubernamental. En algunos temas esa brecha puede ser corta, pero en otros resulta demasiado amplia, lo que de todos modos no inhibe a las autoridades empeñadas en pintar una realidad que dista de los hechos. Los combates contra la pobreza, la desigualdad y la inseguridad son un ejemplo, porque según los discursos, siempre se va ganando, aunque los resultados verificables y cuantificables digan lo contrario.

Sobre el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, el actual gobierno federal habla maravillas. Incluso se molesta el presidente porque el IMSS no contabiliza a sus beneficiarios como si fueran plazas laborales. Pero más allá de que su concepción de origen sea positiva y que haya casos exitosos en su aplicación, los datos duros indican que su operación tiene problemas que necesitan ser atendidos, si no se quiere que la idea de incorporar a los jóvenes como aprendices en el sector productivo del país termine en el fracaso.

Para empezar, el programa, al igual que otros que el gobierno federal anunció como prioritarios, sostiene un importante subejercicio de alrededor del 60% de los recursos presupuestados. Esa práctica, la de ejercer de manera lenta el gasto programado, suele derivar en otras costumbres nocivas de la administración pública, pues cerca del final del ejercicio, cuando urge demostrar que el dinero adjudicado por el Congreso sí era necesario, termina gastándose de manera apurada, desordenada y susceptible de malos manejos.

Por otra parte, delegados de una decena de entidades federativas han denunciado casos de corrupción en el programa: en unos, porque los jóvenes sobornan a las empresas para que puedan recibir los apoyos sin tener que presentarse a laborar; en otros, porque las empresas mismas son las que solicitan “moche” a los beneficiarios para darles la oportunidad de incorporarse como aprendices. Y pese a todos los señalamientos, el presidente niega tener información sobre irregularidades.

Definitivamente amigo radioescucha, el peor camino para corregir un problema es negar su existencia. López Obrador insiste en mostrar que bajo su gobierno todo camina a la perfección, como si eso fuera posible. Con su postura, sin embargo, obstaculiza la posibilidad de mejorar y en el caso del programa Jóvenes Construyendo el Futuro, beneficiar en verdad al millón de inscritos que están buscando aprender para incorporarse de lleno a las actividades productivas del país. Porque no se puede forjar el futuro con los ladrillos del pasado de la corrupción y las malas prácticas de siempre.

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