#ContextoPolítico: Jugándose la vida

Luis Fernando Salazar Woolfolk

La situación política en Venezuela ofrece una lección para los mexicanos y para todos los ciudadanos del mundo, que aspiren a una vida en libertad frente al poder del estado.

Estamos frente a un sistema político basado en la demagogia populista a partir del ascenso al poder de Hugo Chávez, militar que inconforme con el sistema político venezolano fundó un movimiento clandestino que culminó con un golpe de estado fallido en 1992, en una época en la que la entonces reciente caída del Muro de Berlín daba a la humanidad una oportunidad al sistema democrático de gobierno, basada en la expresión del sufragio universal, libre y secreto.

Su participación en el golpe de estado significó para Hugo Chávez una estancia de dos años en prisión, transcurridos los cuales se insertó en la vida política del país para ser elegido por vía democrática, presidente de Venezuela en el año de 1998. Desde su ascenso a la presidencia Chávez tejió las redes de un sistema totalitario de inspiración Castro comunista, y se mantuvo en el poder hasta su muerte en el año 2013. Su gobierno gozó de las mieles de un mercado petrolero internacional bonancible que le brindó recursos a placer para ejercer un gasto público dispendioso, lo que le permitió permanecer en el cargo y asegurar la continuidad de su proyecto en la persona de Nicolás Maduro.

El régimen nadó en un mar de petróleo y dólares que fueron gastados en la creación de milicias de facinerosos adictos al chavismo, que junto con el ejército y la policía se han convertido en verdugos y carceleros de los venezolanos, dividiéndose la sociedad en una inmensa mayoría estimada en un ochenta por ciento que repudia a Maduro, contra un veinte por ciento integrado a estructuras burocráticas a sueldo que son la base de poder del dictador.

En paralelo a la construcción y fortalecimiento de las estructuras referidas con anterioridad, el régimen fue limitando de manera creciente las libertades ciudadanas, acotando a los medios de comunicación, expropiando la industria estratégica y acabando con la economía de mercado, lo que trajo como consecuencia el desabasto y la carestía que en la actualidad padece el pueblo.

Como ocurre con el régimen cubano, los simpatizantes del sistema insisten en que las masas populares reciben educación y otros servicios en mejores condiciones que en los países en los que impera la democracia de partidos sin embargo, lo cierto es que un entrenamiento de habilidades que no implique una educación para vivir en libertad no sirve para nada y por otra, el fracaso de la economía en esos países es una realidad evidente que obliga a mantener el consumo subsidiado, lo que en el mediano plazo se vuelve insostenible.

Durante algún tiempo Maduro vivió la contradicción irresoluble de ejercer un poder autocrático legitimado en elecciones libres sin embargo, al agotarse el modelo populista el régimen perdió la mayoría en la Asamblea Nacional y la confrontación política se convirtió en crisis institucional. En medio del repudio general de la comunidad internacional, Maduro ha convocado para este fin de semana, a la celebración de unas elecciones a modo en las que pretende elegir a quienes habrán de aprobar un proyecto de constitución socialista que legitime al dictador por tiempo indefinido.

Ante semejante escenario que es la antesala de la guerra civil o de la dictadura perfecta, nuestra democracia a la mexicana se presenta como una realidad que con todos sus defectos amerita ser objeto de nuestro mejor esfuerzo y dedicación, para efectos de un cambio gradual para mejorar que pese a los altibajos y a despecho de nuestra justificada impaciencia, es mejor camino que el de la demagogia y el populismo frente al cual nuestros hermanos venezolanos, se juegan la vida.

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