CRISTALES. Borrachazos mortales

La tragedia enlutó a cinco familias torreonenses debido a cuatro accidentes automovilísticos en los que participaron conductores en estado de ebriedad el pasado fin de semana: un joven borracho impactó su vehículo contra otra unidad en la que viajaban una maestra y su hija de 14 años de edad, donde esta última falleció; otra pareja murió atropellada por un conductor ebrio; un motociclista alcoholizado también perdió la vida al chocar contra una camioneta; además, una madre y su hija de seis años murieron después de ser impactado su coche por otro vehículo cuyo conductor también iba en estado etílico. Irresponsabilidad en el consumo excesivo de alcohol, falta de respeto a la normativa vial y al más elemental sentido común, valemadrismo y desprecio a la vida propia y de los demás son factores que conforman una fórmula mortal que se repite una y otra y otra vez.

El GEL, Grupo Empresarial Lagunero, ante las infaustas noticias, sugirió que se endurecieran las sanciones por conducir en estado de ebriedad. ¿Será esa la solución? Por su parte, el alcalde Jorge Zermeño anunció que instalarán alcoholímetros preventivos para que la gente los utilice de manera gratuita y sepa si está en condiciones de conducir. Pero más que las acciones de las autoridades, urgen acciones ciudadanas, empezando por la concientización de las graves consecuencias que acarrea manejar en estado etílico. Si no se puede controlar la manera de beber, sí se puede dejar el coche en casa y pedir un taxi o tener un conductor resignado, perdón, designado. El mismo fin de semana fue clausurada una quinta donde aseguraron a más de 100 menores de edad, también consumiendo alcohol. Pero ¿qué pueden recriminarles los padres, si ellos, en su mayoría, les dan el ejemplo de beber sin control?

Una sociedad alcoholizada exige una ciudadanía concientizada, ya no tanto por respeto a la vida e integridad propias, sino a la de nuestros semejantes. Si pensamos que el próximo muerto puede ser nuestro hijo o pareja o padre u otro ser querido, tal vez nos decidamos a cambiar el funesto y fatal color del cristal del exceso etílico por el seguro y confiable color del cristal de la moderación y la sobriedad que contribuyan a reducir al mínimo o mejor aún, a acabar con los borrachazos mortales.

¿No lo cree Usted así…? ¡Ánimo!

Noticias relacionadas



Comenta esta noticia
Top