CRISTALES. Dinero público como patrimonio privado

Dinero público como patrimonio privado

Nos referimos en esta ocasión a la perniciosa costumbre de nuestra clase gobernante de manejar el dinero público como si fuera patrimonio privado.

Para destinar el gasto del erario, se priorizan proyectos que no son acordes a las necesidades más sentidas de los ciudadanos. ¿Ejemplos? En el ámbito federal son más necesarias escuelas y hospitales en la península de Yucatán que el multimillonario tren maya; en el plano estatal los saltillenses piden a la autoridad coahuilense que destine el dinero del anunciado teleférico a carencias másapremiantes; y en el ámbito municipal los torreonenses exigen un drenaje pluvial integral antes que cualquier otro proyecto, aunque ya el secretario de Infraestructura de Coahuila, Gerardo Berlanga, advirtió que el drenaje no es prioritario para el gobierno estatal.

“El presupuesto debe equilibrarse, el Tesoro debe ser reaprovisionado, la deuda pública debe ser disminuida, la arrogancia de los funcionarios públicos debe ser moderada y controlada, y la ayuda a otros países debe eliminarse para que nuestra nación no vaya a la bancarrota. La gente debe aprender nuevamente a trabajar, en lugar de vivir a costa del Estado”. Estas palabras cuya vigencia actual es indiscutible, fueron dichas hace más de dos mil años, en el 55 antes de Cristo, por Marco Tulio Cicerón, jurista, político, filósofo, escritor y orador romano.

En el caso de México, parecemos ir en sentido contrario a la advertencia milenaria: el presupuesto está desequilibrado, el Tesoro se sigue manejando como patrimonio de quienes conforman el gobierno en sus tres poderes y niveles, y lejos de ser reaprovisionado, se sigue despilfarrando entre la ineficiencia del gasto público, los sueldos elevados y la corrupción. La arrogancia de los funcionarios ofende la dignidad ciudadana, atizando la hoguera de la desconfianza. De ahí la importancia de cambiar el oneroso e insensible color del cristal con el que la clase gobernante ve las prioridades del gasto, por el generoso e incluyente color del cristal con el que nuestros políticos que manejan el erario deberían ver las necesidades apremiantes e inaplazables de sus gobernados, de tal forma que dejen de ver el dinero público como patrimonio privado.

¿No lo cree Usted así…?  ¡Ánimo!

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