CRISTALES. El árbol del coronavirus y el bosque de las demás muertes

Hasta las dos de la tarde de hoy se han registrado 36 mil 873 muertes por el coronavirus en todo el mundo, y en México, según la actualización del Sector Salud, hasta ayer a las 8 de la noche, van 20 fallecidos. Este es el árbol de la muerte del COVID-19, pero si nos vamos al bosque de otras muertes, vemos que las cifras son más impactantes pero no tienen tanta propaganda como el virus de moda: la diabetes mata a 1.6 millones cada año, el cáncer en las vías respiratorias 1.7 millones, las enfermedades diarréicas 1.4 millones, medio millón de personas murieron de gripe el año pasado. La mitad de las muertes en el hemisferio sur, decenas de millones de personas cada año, deriva de causas vinculadas a la pobreza, sea desnutrición, insalubridad, tuberculosis, o enfermedades trasmisibles. En los países desarrollados estas enfermedades causan apenas el 7% de las defunciones, según la OMS.

En México se siguen registrado 90 asesinatos diarios, cuatro y media veces más en un día que todas las muertes por coronavirus en mes y medio, pero a fuerza de repetirse los decesos criminales, terminan por hacerse costumbre y agotar la capacidad de asombro. Con ello de ninguna manera se pretende desestimar la pena que embarga a las familias de las 36 mil 873 víctimas del COVID-19, una tragedia cuya magnitud es de pronóstico reservado, aunque las consecuencias económicas también ya se están resintiendo porque las medidas que se están adoptando con la parálisis de múltiples actividades productivas ya están previendo la posibilidad de que los que no mueran por el virus, podrían morir de hambre.

Los países ricos cierran sus economías, lo que provocará crisis económica de proporciones insospechadas, pero para los países pobres las consecuencias podrían tener tintes apocalípticos. De ahí la urgencia de cambiar el egoísta y alevoso color del cristal del “sálvese quien pueda y quien no, que muera” por el altruista y misericordioso color de la solidaridad y la hermandad para buscar soluciones conjuntas e incluyentes a la crisis sanitaria y humanitaria que nos permita ver, no sólo el árbol del coronavirus, sino el bosque de las demás muertes.

¿No lo cree Usted…? ¡Ánimo!

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