CRISTALES. El fin de la democracia y el principio de la autocracia

Democracia es el poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, régimen al que se dice pertenecer México, aunque en realidad ha predominado el poder de los partidos, es decir, la partidocracia. Sin embargo, todo parece indicar que nos dirigimos a la autocracia, que es el régimen político en el que una sola persona gobierna sin someterse a ningún tipo de limitación y con la facultad de promulgar y modificar leyes a su voluntad. Pruebas de ello son la contrarreforma educativa que eliminó al INEE, autónomo e independiente, para sustituirlo por un organismo dependiente de la SEP; la inminente desaparición de organismos que habían sido contrapesos del Ejecutivo como Coneval, el consejo que evalúa (y reprueba) la política de desarrollo social, y el INEGI, que contradice las cifras alegres del gobierno federal, además de que la CNDH, otro de los organismos elogiados a nivel internacional por su independencia y autonomía, está en riesgo de ser otro instrumento a modo del presidente.

Es evidente la intención de López Obrador de influir en los senadores para inclinarse por Rosario Piedra Ibarra, cercana a Morena, que quede al frente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, luego de descalificar a los que han estudiado y son expertos en el tema, refiriéndose implícitamente a los otros dos aspirantes de la terna. El presidente de plano dio línea al mostrar su preferencia por alguien con perfil de activista, aunque no necesitó decir el nombre de la hija de doña Rosario Ibarra de Piedra. Así, se podría perder otra de las pocas instituciones que lograron sobrevivir con dignidad y fuerza a las dos alternancias anteriores, ajena a interese partidistas donde muchas de las víctimas tenían un verdadero respaldo legal y podían, en un buen número de los casos, aspirar a justicia en la protección de sus derechos.

Preocupa a la ciudadanía pensante –y debería ocupar más a la comunidad en su conjunto- este paulatino desmontaje de las instituciones que han sido contrapesos del poder presidencial a través de los organismos autónomos, por lo que deberá ser la sociedad civil la que cambie el ominoso color del cristal de la pasividad, el conformismo, la apatía y el valemadrismo, por el poderoso color del cristal del activismo cívico y la comprometida participación social para conjurar el peligro del inminente fin de la democracia y el principio de la autocracia.

¿No lo cree Ud. así…? ¡Ánimo!

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