CRISTALES. El fin del mito de Sísifo

El cambio de sexenio siempre renueva la esperanza nacional de que acabe la maldición del mito de Sísifo, el rey de Corinto, condenado por los dioses a subir una piedra enorme a lo alto de una colina, pero cuando llegaba arriba, la roca se caía. Y ese era su destino: repetir una y otra vez lo mismo a lo largo de la eternidad. Y así estamos los mexicanos: al empezar un gobierno, queremos creer que por fin terminará la maldición de las crisis recurrentes, pero al final de cada sexenio, nos damos cuenta que estamos igual… o peor.

Por desgracia, 15 meses después de la nueva alternancia, el panorama no pinta mejor: la inseguridad está peor con el récord en homicidios violentos, feminicidios al alza, crimen desbordado y delincuentes incontenibles.

Y en el ámbito económico, también vamos en reversa, con un decremento del 0.1% del PIB en el primer año de gobierno; la guerra por el petróleo le pegó  al peso y a la Bolsa, al igual que el coronavirus; los empresarios no quieren arriesgar sus capitales y buscan otros horizontes; los medios no alineados a la 4T son percibidos como enemigos por el presidente, quien prefiere no ver ni oír el justo reclamo de las mujeres por una vida sin violencia ni muerte, como tampoco escucha las advertencias internas y externas por falta de preparación ante las crisis políticas, de salud y económicas en puerta, por la inviabilidad de sus proyectos del aeropuerto, las refinerías y el Tren Maya, a lo que el gobierno responde con sus otros datos y la ciudadanía sale a las calles a manifestar su indignación por la falta de medicamentos, la falta de seguridad, la falta de empleos… En pocas palabras: la falta de autoridades responsables y comprometidas con todos, más allá de las dádivas sociales.

Los mexicanos anhelamos que el negro y deprimente color del cristal con el que hemos visto la situación imperante en el país a lo largo de décadas, se transforme en el verde brillante color del cristal de la  esperanza, convertida en una realidad económica, social y política muy diferente a la actual, en la que logremos conjurar la maldición sexenal y ponerle fin al ancestral mito de Sísifo.

¿No lo cree Usted así…? ¡Ánimo!

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