CRISTALES. El lastre de la irresponsabilidad y los privilegios inmerecidos.

 

En nuestro sistema político mexicano, contrario a otros países donde ética y política sí van de la mano, el privilegio no conlleva responsabilidad; por el contrario: aquí la irresponsabilidad en la praxis gubernamental conlleva privilegios; no importa la integridad moral, sino las relaciones e influencias que se tienen, lo que ha derivado en élites gubernamentales indiferentes a las necesidades de sus gobernados por estar ocupadas en disfrutar los privilegios de la irresponsabilidad cuyos ejemplos se multiplican día a día en obras públicas con muy altos costos y muy baja calidad, sueldos de primera para funcionarios de tercera, gratificaciones y compensaciones inmerecidas, legisladores que cobran jugosas dietas sin desquitarlas, magistrados y jueces que venden la justicia al mejor postor y un largo etcétera.

Nuestra devaluada clase política gobernante, salvo las honrosas excepciones que confirman la regla, viven entre corrupción, conflicto de intereses, tráfico de influencias, violaciones a derechos humanos, nepotismo, incapacidad e ineficiencia, falta de ética y profesionalismo, todo ello cobijado bajo el burdo manto de la impunidad. Y ninguno de ellos rinde cuentas de sus acciones y omisiones a la justicia. Hay innumerables casos de privilegios inmerecidos que goza una élite, cuya irresponsabilidad exige respuesta de la comunidad pensante y actuante para acabar con sobreejercicios presupuestales, excesivos emolumentos, irregularidades y deficiencias cuya impunidad deriva de la concentración indebida de poder.

La falta de cultura cívica y política de la mayoría ciudadana, aunada a la irresponsabilidad y la falta de sensibilidad de la clase gobernante son causales del desorden que impera en nuestro país, provocado por una élite política sin el contrapeso de una comunidad informada, crítica y exigente que demande resultados al Poder Ejecutivo en sus tres niveles y al Legislativo federal y estatal, por lo que los mexicanos debemos cambiar el paralizante color del cristal de la apatía e indolencia por el vigorizante color del cristal de la participación cívica y la exigencia de eliminar el agobiante lastre de la irresponsabilidad y los privilegios inmerecidos de la devaluada clase política.

¿Está Usted dispuesto…? ¡Ánimo!

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