CRISTALES. El país de la simulación

 

En esta ocasión nos referimos a México como el país de la simulación que ha sido práctica cotidiana en esta nación nuestra a lo largo de los siglos, donde la ley es un precepto teórico cuya aplicación no es la regla sino la excepción: desde la época prehispánica, cuando los pueblos sometidos por los aztecas, les rendían tributo y simulaban lealtad, pero se aliaron a los españoles para ayudarlos a la Conquista, hasta la época actual con la avanzada legislación en materia electoral, de transparencia, anticorrupción y derechos humanos, entre otras, pero que en los hechos no se cumplen, pasando por etapas como la Independencia, la Revolución y la Transición Democrática, que fueron más simulación que realidad. Esperemos que esta ancestral práctica llegue a su fin con el nuevo gobierno y que la 4T no resulte un engaño más.

Sin embargo, hay algunas señales en el horizonte que avizoran la posibilidad de que habremos de esperar tiempos mejores para poner fin a las prácticas simulatorias. Al menos eso es lo que se desprende de la diferencia entre los dichos y los hechos de AMLO que prometió combatir la corrupción y meter a la cárcel a quienes incurrieron en ella, pero ya como Presidente, reculó. En sus conferencias mañaneras de esta semana, cuando se le preguntó sobre la corrupción del líder sindical de Pemex Carlos Romero Deschamps y del presunto soborno por 100 millones de dólares que ’El Chapo’ Guzmán dio a EPN, en ambos casos dijo: ‘sin pruebas no se puede juzgar’; pero tampoco ofreció, al menos, investigar a fondo las acusaciones. Igual que la promesa de un fiscal independiente, pero ya se prevé que la terna a enviar será la de sus allegados que él propuso, por lo que seguramente será un ‘fiscal carnal’.

La simulación, como parte de nuestra naturaleza, obliga a reflexionar en la urgencia de generar una nueva mentalidad en la conciencia nacional, con el profundo análisis de sus causas y consecuencias para cambiar el patético color del cristal del fingimiento y el engaño por el nítido color del cristal de la verdad, con un cambio de actitud de la clase política gobernante, pero también de la sociedad, para dejar de ser el país de la simulación.

¿No lo cree Usted así…? ¡Ánimo!

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