CRISTALES. El poder como un fin y no como un medio 

El poder debe ser un medio para servir, no un fin para servirse; por desgracia en este país nuestro, la mayoría de la fauna política lo ha interpretado en el sentido contrario. Jesús Silva Herzog Flores, en su autobiografía escribió: “El PRI ha sido rehén de sus propios grupos, de quienes militan en él, no porque creen en algo, sino porque quieren algo”. Y esto no es privativo del tricolor. Lo vimos con el PAN cuando estuvo en Los Pinos y hoy lo estamos viendo en Morena, el partido en el poder. Las pugnas internas amenazan con fracturarlo a grado tal que el mismo López Obrador podría abandonar sus filas, como ya lo ha advertido. A nivel nacional la confrontación por la dirigencia está a todo lo que da, y a nivel local, el dirigente en Durango Armando Navarro no deja de criticar a la alcaldesa gomezpalatina, de quien, asegura, parece más priísta –su partido de origen- que morenista y la acusa de nepotismo.

Por su parte, Porfirio Muñoz Ledo, viejo lobo de mar de la política, dijo que Morena actuó como un partido de línea, más eficaz que el PRI, luego de que ayer, en la Comisión Permanente, se le impidió hacer uso de la palabra para denunciar la salvaje represión contra migrantes, lo que su fracción censuró, y Muñoz Ledo lo calificó como “un salto atrás de 20 o 30 años”. Planteó que ahora emplaza a un debate porque él cree en un partido democrático y si Morena no lo es, él sale del movimiento. “Morena se sale de mi corazón, de mi ilusión y eso me da una pena inmensa”, lamentó el expriísta, excandidato presidencial y hoy diputado morenista, quien indicó que va en contra de que Morena sea un partido de Estado. ¿Aún duda que lo es? ¿Y ya olvidó que él mismo fue presidente nacional del PRI, el epítome del partido de Estado?

¡Cómo da vueltas la vida! Hace 6 meses la bancada morenista le dio todo su apoyo a Muñoz Ledo para reelegirse como presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados y hoy le cierran el micrófono e impiden que hable. De ahí la importancia de cambiar el patético y antiético color del cristal de las conveniencias partidistas por el ético y poético color del cristal de las viejas y olvidadas convicciones democráticas para que se deje de ver el poder como un fin y no como un medio.

¿No lo cree Usted así…? ¡Ánimo!

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