CRISTALES. El presidente en su laberinto

En su novela El general en su laberinto, Gabriel García Márquez narra los días finales del libertador Simón Bolívar, mientras que, parafraseando el título de la obra del colombiano, México está viendo al transformador presidente en su laberinto, en los primeros once meses de su mandato. Un laberinto en el que se ha ido internando, sin que sepamos a ciencia cierta si logrará hallar la salida, a diferencia del general independentista venezolano. Y es que don Andrés Manuel no da muestras de tener la brújula que le oriente para sacar al país de ese laberinto en el que se ve perdido por la inseguridad, la falta de crecimiento económico, los frentes abiertos del presidente con periodistas, fuerzas armadas, organismos cívicos, alcaldes y gobernadores, calificadoras, empresarios, activistas, ambientalistas y un largo etcétera.

También se pierde el presidente en el laberinto de las mentiras, como decir que su gobierno no ha recibido ninguna recomendación de la CNDH, cuando no es así, empezando por la que se le emitió derivada de la queja de las madres que protestaron porque canceló las estancias infantiles; decir que vamos requetebién en la economía, cuando ya es un hecho el crecimiento cero para este año y la inminente desaceleración; decir que el país mejora en materia de seguridad, cuando este año será el más violento de la historia reciente del país con más homicidios dolosos; decir que se está combatiendo la corrupción, cuando ya se detectaron irregularidades en varios programas sociales y no se diga la promesa incumplida de meter a la cárcel a Enrique Peña Nieto y demás corruptos de la anterior administración; decir que ya no hay huachicoleo, cuando investigaciones periodísticas demuestran que aún persiste; sólo por mencionar algunos ejemplos.

Agregue Usted la exigencia de legisladores demócratas y republicanos de EU de declarar al crimen organizado mexicano como terroristas, lo que podría generar una intervención militar norteamericana sin necesidad de contar con la autorización del gobierno mexicano. Todo ello exige que el presidente López Obrador cambie el preocupante color del cristal de la incertidumbre por el alentador color del cristal de la certeza de que dejará la confrontación, cerrará los frentes abiertos, terminará de creer sus propias mentiras y ya actuará como un estadista que piensa en la próxima generación y no como un político que piensa en la próxima elección.

¿No lo cree Ud. así? ¡Ánimo!

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