CRISTALES. El principio de la educación y el fin de la violencia de género

El fracaso para frenar las agresiones y los asesinatos en contra de mujeres no corresponde sólo a las autoridades; también nosotros como sociedad hemos contribuido a ser parte del problema y no de la solución, mediante posturas y actitudes machistas heredadas de generación en generación, cosificando a la mujer, discriminándola y minimizándola. La educación familiar errónea y la anticultura de la prepotencia masculina y el sometimiento femenino, son factores determinantes que perpetúan esta aberración. Es un craso error pretender remediar la enfermedad sin prevenir sus causas. Por desgracia, muchos hombres ven a la mujer como un objeto de su pertenencia, por lo que creen que pueden hacer con ellas lo que se les antoje. Y mientras no se rompa ese nefasto paradigma, el abuso y el sometimiento a las mujeres no se frenará.

Las leyes y las políticas públicas son insuficientes para detener la violencia de género. Son válidas para normar la convivencia en sociedad, pero deben tener el complemento vital de la educación, los principios y los valores que se inculcan desde el seno familiar seguido del entorno social, que es donde ancestralmente se ha sembrado la semilla del machismo y la cosificación de las féminas, por lo que debemos iniciar una revolución mental desde cada hogar para cambiar el modelo actual y vacunar a las generaciones futuras contra las actitudes y conductas hostiles y dominantes en contra de la mujer, que han sido heredadas de tantas generaciones atrás.

Pueden aumentar las sanciones a abusadores, violadores y feminicidas, así como crear nuevos organismos e instituciones para la defensa de la mujer y generar más políticas públicas con perspectiva de género, pero la violencia se seguirá perpetuando, mientras no se cambie el despreciable color del cristal de la anticultura del machismo y la prepotencia masculina por el alentador y promisorio color del cristal del respeto, la equidad, la empatía y la armonía familiar, donde radica el principio de la educación y el fin de la violencia de género.

¿Empezamos ya…? ¡Ánimo!

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