CRISTALES. El reto de romper con el pasado y construir el futuro

En la búsqueda del porqué somos como somos para saber por qué estamos como estamos, son interesantes algunas conclusiones, como: el mexicano, por lo general, sólo sabe despotricar, quejarse, sólo grita, se lamenta, pero no actúa ni es constante en sus exigencias; es flor de un día y, en no pocos casos, de medio día; es apático, conformista y resignado. Como el cerillo, se prende ante un estímulo externo, pero al poco rato se apaga. Estamos ante dos Méxicos paradójicos, el competitivo y el estancado; el de una minoría activa, pensante y actuante que lucha por salir del subdesarrollo, trabaja en equipo y enarbola la bandera de la calidad e innovación, y una mayoría pasiva, resistente al cambio, resignada a su destino tercermundista, que no trabaja en equipo ni enfrenta sus problemas proactivamente.

Según Jorge Castañeda, “la aversión mexicana por el enfrentamiento surge del miedo de que todo conflicto conduce a la violencia en una sociedad proclive a la agresividad, la creencia de que después del altercado no hay reconciliación posible, y la convicción de que toda confrontación es inútil. En un sondeo sobre la discordia, las respuestas fueron elocuentes: marchas y plantones recibieron 73% de desaprobación contra 27 de aprobación, huelgas de hambre 78 a favor y 22 en contra; toma de las cámaras 80 y 20% respectivamente, confrontación con la policía o el ejército, rechazada por el 97%. Es difícil imaginar estadísticas similares en otros países democráticos”. Hasta aquí la estadística de Castañeda.

Por todo lo anterior, ya basta de que el presente del mexicano, en su gran mayoría, como dijo Gabriel Careaga en su libro Mitos y realidades de la clase media, se traduzca en ‘el desgarramiento del querer ser y el no poder ser’; basta de vivir en una constante contradicción que oscila entre sueños de grandeza y pesadillas de frustración, deseos de transformar el mundo e incapacidad de cambiarse a sí mismo; anhelo de superación anclado en la impotencia para lograrlo; doble moral de la prédica de valores y la práctica de autoritarismo, despolitización, ignorancia, apatía y conformismo. Llegó el tiempo de cambiar el patético color del cristal de la mediocridad por el desafiante color del cristal de la decisión de romper las cadenas del pasado y empezar a construir el futuro del México nuevo.

¿Está Usted dispuesto…? ¡Ánimo!

Noticias relacionadas



Comenta esta noticia
Top