CRISTALES. Frenar la peor de las crisis: la institucional

No es privativo de la 4T: la crisis que atraviesan las instituciones de este país nuestro data desde los anteriores sexenios priístas y panistas. De ahí la desconfianza e incredulidad de la mayoría de los mexicanos hacia los tres poderes y niveles gubernamentales. Nuestro subdesarrollo en educación, salud, seguridad, justicia, infraestructura, Estado de derecho, gobernanza, obras y servicios públicos, Estado de Derecho y los demás rezagos que padecemos, derivan precisamente de la crisis ancestral de las instituciones que deberían darle eficiencia y calidad a los rubros de gobierno señalados. Pero no es así: la corrupción, la indiferencia cívica, la ausencia de participación ciudadana en la exigencia de resultados en el arte de la administración pública y el manejo del erario, nos llevó al deplorable lugar en el que hoy nos encontramos.

La actual triple crisis sanitaria, económica y de seguridad, es derivada de la crisis institucional. El problema es que si la cabeza está mal, todo el cuerpo también lo va a estar. Y es que a lo largo de la emergencia sanitaria, no ha habido mando coordinado ni política única ni interlocución entre gobiernos, por lo que la confusión impera en autoridades y ciudadanos, ya que, por ejemplo, Salud federal dice que el semáforo está en rojo, por lo que no se reabrirán actividades, y el presidente anuncia que va a salir de gira el martes para iniciar las obras del Tren Maya y que va a ir a Quintana Roo que, hasta hoy, sigue en semáforo rojo. El subsecretario de Salud Hugo López-Gatell también abona a la confusión: en abril dijo que los muertos por la pandemia podrían llegar a 8 mil, luego lo bajó a 6 mil, pero ayer calificó de alarmismo el decir que ya se rebasaron los 8 mil, cuando él mismo aseguró que las muertes por COVID-19 podrían llegar hasta 30 mil. ¿Por fin…?

Parafraseando la cita del indio y el que lo hizo compadre, aquí podemos decir: “No tienen la culpa los malos gobernantes, sino los ciudadanos que los dejaron mal gobernar”. De ahÍ la urgencia de más participación cívica para cambiar el peligroso color del cristal de un posible naufragio, por el confiable color del cristal de un timón firme que lleve al barco de los mexicanos a puerto seguro y que, en sinergia de gobierno y sociedad logremos frenar la peor de las crisis: la institucional.

¿No lo cree Usted así…? ¡Ánimo!

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