CRISTALES. Hágase la voluntad de la ley en los bueyes del prójimo

 

Las leyes y los reglamentos se deben cumplir por todos, siempre y cuando no me afecten o me perjudiquen a mí directamente. Así somos de comodinos los mexicanos –o la mayoría-: nos desgarramos las vestiduras, mentamos y lamentamos las infracciones y violaciones a las normas que otros cometen; arremetemos contra políticos y funcionarios corruptos; pero cuando somos nosotros quienes infringimos la legalidad, sobran las justificaciones. Lo que en otros es abuso, en nosotros es necesidad; lo que en otros no se perdona, en nosotros se disculpa; lo que en otros se condena, en nosotros se absuelve. En otras palabras, como dice la máxima popular: hágase la voluntad de Dios en los bueyes de mi compadre.

Criticamos a otros por lo mismo en que solemos incurrir, como hablar por el celular mientras conducimos, manejar con exceso de velocidad, pasarnos el alto, tirar la basura en la calle, saltarnos la fila sin esperar nuestro turno, no respetar al peatón o al ciclista, evadir el pago de un impuesto, dar mordida, en fin. Hay una gran cantidad de casos en los que infringimos las reglas que norman lo que debería ser la base de la convivencia armónica pero solemos romperlas con una facilidad impresionante. El respeto de la ley sin excepción y hacerla respetar por parte de la autoridad establece el orden que permite el funcionamiento de las instituciones y la generación de confianza. Es difícil –por no decir imposible- que una sociedad prospere y  se desarrolle donde impera el desorden, que entre más tiempo se deja sin atender, más fuerza adquiere.

Si no somos capaces de respetar el orden establecido, ¿con qué calidad moral le vamos a exigir a nuestros gobernantes que no sean corruptos y cumplan con su responsabilidad? Maduremos ya y hagamos lo que nadie va a hacer por nosotros, cambiando el grisáceo y patético color del cristal del poblador pasivo e indolente, por el brillante y alentador color del cristal del activo y participativo ciudadano, comprometido con el cumplimiento del marco legal y decidido a no hacer suya la paráfrasis de la máxima: Hágase la voluntad de la ley en los bueyes del prójimo.

¿Está Usted dispuesto…? ¡Ánimo!

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