CRISTALES. Hambreados del alma y de la mente

Hoy es el Día Mundial de la Alimentación, pero no nos referiremos al grave problema de la desnutrición infantil en este país nuestro, donde la mitad de los niños padece pobreza alimentaria. Ese será tema de otro cristal. En esta ocasión nos referiremos a la desnutrición que sufre un elevado porcentaje de mexicanos por la falta de alimento espiritual e intelectual que los mantiene en una crítica situación que pone en riesgo la salud de su alma y su mente. Por desgracia, el Inegi no maneja la estadística de las personas que padecen este mal y que, por lo general, no se dan cuenta de ello. En cuanto al rubro espiritual, no me refiero a la cuestión religiosa, sino a la pérdida de valores humanos que nos diferencian del resto de los animales, empezando por la facultad de diferenciar el bien del mal y actuar en consecuencia.

El problema surge cuando se tergiversan los valores considerando lo negativo como positivo y viceversa, lo que constituye en sí una enfermedad espiritual. Está enfermo del alma quien considera que el fin de lograr riqueza material justifica los medios de pasar por encima de quien sea para obtenerla; quien atenta contra la madre naturaleza sin importarle dejar este mundo peor que como lo recibió; quien lastima o daña de cualquier forma a un niño o adulto mayor o a alguien indefenso; quien antepone la codicia, la avaricia, la envidia y la soberbia a la generosidad, el desprendimiento y la humildad. De igual forma, está enfermo del intelecto el que no cuestiona, no analiza, no critica, que se ciega ante la realidad y acepta e incluso aplaude acciones y decisiones que atentan contra el sentido común, calificando de enemigos a quienes no piensan como él.

Este Día Mundial de la Alimentación es propicio para reflexionar en esa otra hambre espiritual y cerebral, además del hambre y sed de justicia, de salud, de educación y de tantas otras anemias que nos aquejan; pero además de la reflexión, urge la acción conjunta de esa minoría pensante y actuante para cambiar el confuso y difuso color del cristal de la ignorancia, el fanatismo y la ausencia de valores por el conciso y preciso color del cristal de la sabiduría, la tolerancia y la empatía para que dejen de ser mayoría los hambreados del alma y de la mente.

¿No lo cree Usted así…? ¡Ánimo!

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