CRISTALES. La degradación del Ejército Mexicano

El cartón de Obi que publica hoy Reforma es elocuente: un soldado yace en su calidad de paciente en el diván del psiquiatra personificado por un ganso a quien le dice: “No sé si soy constructor, vigilante, policía de migración, ingeniero, guardia nacional o soldado. ¿Qué tengo doctor?” Y el psiquiatra-ganso le responde: “4T”. Hoy se conmemora el 107° aniversario del Día del Ejército y es evidente la degradación que ha sufrido por parte del presidente la institución de mayor credibilidad en el país, que lo sigue manteniendo en las calles para que contenga a la delincuencia, pero al mismo tiempo le tiene prohibido defenderse de cualquier agresión o insulto que reciban, porque “los criminales también son pueblo”.

A sus responsabilidades constitucionales de salvaguardar la paz nacional de enemigos internos y externos, así como de participar en labores de rescate en desastres naturales, el  Ejército está asumiendo cada vez mayores tareas que, por ley, no le competen, como construir obras, entre ellas el aeropuerto de Santa Lucía, caminos y hasta sucursales bancarias, incluso se encargará de la distribución de medicinas en algunas zonas del país, como ya lo anunció  el presidente, a quien alguien debería advertirle que está bueno el encaje pero no tan ancho. El Ejército es una institución disciplinada y leal, pero la lealtad, más que al supremo jefe de las fuerzas armadas, es hacia la Constitución y a las leyes que emanan de ella.

Por lo mismo, el presidente debe entender que la institución militar no va a estar dispuesta a soportar todas las cargas que arbitraria y caprichosamente le impongan, porque la lealtad tiene sus límites y no se le deben cargar otras responsabilidades que debiliten sus obligaciones constitucionales. Es preciso recordar que, en noviembre pasado, el general en retiro Carlos Gaytán, dijo: “Nos sentimos agraviados como mexicanos y ofendidos como soldados. Los frágiles mecanismos de contrapeso han fortalecido al Ejecutivo, que viene propiciando decisiones estratégicas que no convencen a todos, para decirlo con suavidad». De ahí la urgencia de cambiar el peligroso color del cristal de la tentación autoritaria presidencial por el tranquilizante color del cristal de la prudencia y el buen juicio para frenar la degradación del Ejército Mexicano.

¿No lo cree Usted así…? ¡Ánimo!

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