CRISTALES. La enfermedad del sistema de salud pública

Negar la existencia de un problema y, peor aún, afirmar que es una mentira difundida por adversarios, lejos de resolverlo, lo agrava, contribuyendo a alimentar la polarización social. Esa es la actitud que asume el presidente de la República al asegurar que la publicación en los medios de falta de atención a pacientes, incremento en los cobros por atención médica y desabasto de medicamentos son parte de las resistencias que enfrenta su gobierno y de una campaña mediática para descalificar su gestión. Pidió que le traigan los nombres de las personas afectadas y exhortó: “Que nos ayuden, porque ahora le van a dar mucho vuelo a todas estas denuncias. Es natural, no quieren que se terminen con estas lacras”, lamentó López Obrador.

Sin embargo, el mandatario debe saber que hay padres de niños con cáncer que desde hace meses se han enfrentado al desabasto de medicamentos que representan la única oportunidad para que sus hijos puedan vivir. También es un grave problema la falta de retrovirales para atender a pacientes con VIH y SIDA, lo que reconoció el delegado del IMSS en Coahuila Juan Salgado y lo atribuyó a la tardanza del proveedor para surtirlos, por lo que aseguró que esta semana se resolvería la crisis, ya que cambiaron de proveedor. Y si el presidente quiere nombres, ahí están los jóvenes de Torreón Leonel Reyes Berumen, que padece VIH, y Javier Salazar Morales, que sufre también esa enfermedad, además de cáncer. Ambos han vivido todo un calvario para que le surtan sus medicinas que tardan meses en llegar, lo que propicia que su tratamiento se vea interrumpido frecuentemente.

Créame señor presidente que el clamor de los enfermos no es una campaña mediática en su contra; es real y fácil de comprobar, por lo que está en sus manos cambiar el desolador color del cristal de la crisis en ese sector, por el alentador color del cristal de la inmediata atención a solucionar este grave conflicto, sin endosarle culpas a nadie ni atribuirlo a enemigos imaginarios. Lo primero es reconocer que el problema ahí está, aceptar las limitaciones existentes y tener la voluntad política, así como la capacidad de decisión y acción para enfrentar con éxito la enfermedad del sistema de salud pública.

¿No lo cree Usted así…? ¡Ánimo!

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