CRISTALES. La falacia de la democracia

 

Si la palabra democracia etimológicamente se define como poder del pueblo, entonces un país donde no vota ni la mitad de sus ciudadanos ni la mayoría participa en forma activa a nivel cívico, social y político, no se puede ufanar de ser auténticamente democrático. Es una falacia, una falsedad, decir que la bandera de la democracia ondea en nuestro cielo patrio, cuando unos pocos deciden por todos, empezando por los que ostentan un cargo de elección: los electores votamos por los candidatos que elige la cúpula de los partidos o el gobernador o el presidente en turno. Y luego están los que se dicen ser nuestros representantes en los congresos federal y estatal. Son unos pocos los que realmente participan; los demás sólo van a levantar la mano, si es que van.

Las elecciones de ayer refrendan la falacia de la democracia, luego de que el abstencionismo se levantó una vez más como el triunfador absoluto. Sólo el 44.8% votó en Durango, es decir, que el 55.2% no acudió a las urnas. Peor aún en Quintana Roo apenas votó el 22%, en Baja California 29.6, en Puebla y Tamaulipas el 33, y en Aguascalientes el 38.9%. ¿Qué le parece? Llama la atención que en los estados donde ganó Morena, el abstencionismo fue el más alto. Y si la gran perdedora de las elecciones fue la democracia, también los partidos políticos salieron raspados: El PRI, con excepción de Durango donde ganó 16 de las 39 alcaldías, en el resto de las entidades le fue como en feria; el PAN perdió dos de sus bastiones más importantes: Baja California y Puebla; y Morena no arrasó como esperaba confiado en el efecto tsunami de AMLO que no estuvo a la altura de sus expectativas, mientras que en Durango sólo obtuvo 2 de las 39 alcaldías en disputa.

Este panorama debe llevar a reflexionar a los partidos y a tomar conciencia del hartazgo social que alejó a los electores de las urnas. Pero también a la ciudadanía para que cambie el detestable color del cristal del valemadrismo y la parálisis cívica por el estimulante color del cristal de la participación y el involucramiento en el quehacer político y social para que la democracia deje de ser una falacia.

¿No lo cree Usted así…? ¡Ánimo!

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