CRISTALES. La falta de conciencia, espíritu de servicio y congruencia

 

Hoy nos referimos a la abismal distancia que existe entre lo que predica y lo que practica un buen número de especímenes de nuestra fauna política. Lo peor del caso es que, cuando caen en contradicciones o se les reclama por la pobreza de sus resultados que no estuvieron a la altura de las expectativas que ellos mismos ofrecieron, se deshacen en excusas y justificaciones. Cada día son más los señalamientos de politólogos, analistas y ciudadanos contra gobernantes, funcionarios, legisladores, dirigentes partidistas y demás, que carecen de conciencia política que conlleva un nivel elevado de politización, espíritu de servicio y una elemental congruencia entre lo que se piensa, se dice y se hace. Estos tres elementos  conforman las patas de una mesa, en la que la falta de uno de ellos impide que se sostenga.

Tal vez ahí radique la explicación de la ausencia de Estado de Derecho y del porqué México no ha podido salir del subdesarrollo ni ha llegado al lugar privilegiado de los países del primer mundo: la falta de conciencia política de la clase gobernante, de espíritu de servicio y de una mínima congruencia. Conviene a la clase gobernante leer a Jesús Silva Herzog-Márquez, quien asegura que “la verdadera naturaleza de la política es la ambivalencia; se define por la intensidad de sus conflictos y la profundidad de sus consensos”, aunque en México sobran los conflictos y faltan los consensos. También deberían conocer la visión budista de gobernabilidad a través de la observancia del Dhamma, que significa “virtud, justicia, ley” y señala: “El Dhamma no da al gobernante el derecho divino de gobernar como desee; se espera que cumpla con los diez deberes, que son: liberalidad, moralidad, autosacrificio, integridad, bondad, austeridad, no enojo, no violencia, soportar y no oposición a la voluntad del pueblo”.

En la medida que nuestros políticos asimilen esto, pero sobre todo, actúen en consecuencia, México podrá cambiar el engañoso color del cristal de las medias verdades y las mentiras completas por el claridoso color de la honestidad, en la medida que exijamos gobernantes con conciencia, espíritu de servicio y congruencia.

 ¿No lo cree Usted así…? ¡Ánimo!

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