CRISTALES. La nueva revolución

En el aniversario del inicio de la Revolución Mexicana -que fue la tercera  transformación, después de la Reforma y la Independencia-, la nueva 4T se ha comprometido a reivindicar a las víctimas del neoliberalismo, doctrina económica implementada desde mediados de los 80s por los presidentes  emanados del PRI y del PAN. A 109 años de la gesta revolucionaria, millones de desempleados y subempleados se preguntan de qué sirvió el sacrificio de quienes dieron su vida por aquellos ideales de justicia social, al igual que los campesinos sin tierra, y los pocos que la conservan, carecen de recursos para hacerla producir. Más de la mitad de mexicanos viviendo en la pobreza y la miseria, las injustas condiciones que padecen los indígenas de nuestro país y el elevado número de analfabetas que aún existe en todo el territorio nacional, son algunos de los principales argumentos que cuestionan el éxito de aquella tercera transformación.

La Revolución es una entelequia cuya dudosa utilidad actual se circunscribe a conservar ese episodio como un mito, una leyenda que pretende fomentar el fervor patrio mediante el desfile del 20 de noviembre, y un pretexto ideal para disfrutar del puente. Dentro de los cambios a los que se podría aspirar, está el de implantar en el sistema educativo, una forma diferente de ver la historia, sin manipulaciones ni maniqueísmos que enseñan la distorsionada y poco realista lucha de buenos contra malos, de héroes contra villanos. Se debe propugnar por una nueva visión de la historia con personajes de carne y hueso, virtudes y defectos, fortalezas y debilidades, en la que se inculque el verdadero amor a la Patria.

Debemos terminar con el patrioterismo ramplón que en nada contribuye a estimular el deseo y a motivar a la acción por un México mejor, para cambiar el confuso y difuso color del cristal de la historia manipulada y subjetiva por el conciso y preciso color del cristal de la historia real y objetiva. Mediante el conocimiento verdadero de nuestro pasado, valoraremos más nuestro presente y aspiraremos a un mejor futuro. Luego de tomar conciencia de ello, debemos convocar a una nueva revolución, en la que las armas sean el cambio de actitud y mentalidad con el fin de construir unidos un país con desarrollo, progreso y justicia para todos.

¿No lo cree Ud. así…? ¡Ánimo!

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