CRISTALES. La utopía del nuevo sindicalismo mexicano

La renuncia de Carlos Romero Deschamps a la dirigencia sindical de Pemex ha generado múltiples opiniones que van desde las que ven en su salida los albores de un nuevo sindicalismo verdaderamente democrático, hasta otras francamente pesimistas que ven las mismas prácticas de regímenes priístas. De hecho, ayer el premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa alertó que el PRI podría estar de regreso con el gobierno de AMLO, que es como la resurrección de ese partido que formó parte de su juventud. En la mañanera de hoy, el presidente se refirió al hoy exdirigente petrolero al reprochar: ‘No es posible que líderes sindicales vivan colmados de atenciones, privilegios, con residencias, muy ricos. Eso es inmoral’. Un saco que también le queda a Napoleón Gómez Urrutia, pero su ventaja es que éste sí le apostó al ganador de la elección presidencial, mientras que Romero Deschamps se equivocó al apostarle al perdedor tricolor.

Hace 30 años, su antecesor Joaquín Hernández Galicia “La Quina”, le dio su apoyo a Cuauhtémoc Cárdenas, por lo que Carlos Salinas, al perpetrar aquel fraude electoral y robarse la elección, cobró venganza y mandó a la cárcel al hasta entonces poderoso líder petrolero. La historia se repite tres décadas después, con la diferencia de que Romero pudo negociar su salida para que no lo encarcelaran, no obstante su ostentosa riqueza a costa del erario y de las arcas sindicales. Quienes tienen la esperanza de un nuevo sindicalismo a raíz de la renuncia del corrupto exdirigente, deberán esperar sentados, ya que hay otras señales que demuestran lo contrario: Napito Gómez Urrutia, tan corrupto como Romero, ya se siente el Fidel Velázquez de Morena, y la CNTE, grupo radical de hampones del gremio magisterial, pactó con AMLO el apoyo electoral a cambio de privilegios y canonjías.

Estas señales dejan sin esperanza el deseo de acabar con las viejas prácticas y de cambiar el patético y denigrante color del cristal del corrupto charrismo gremial al servicio del partido en el poder, por el anhelado y promisorio color del cristal de la democracia sindical al servicio de los trabajadores, con una sana y provechosa relación obrero-patronal para elevar la productividad en una relación ganar-ganar, con lo que se condena a perpetuar la utopía del nuevo sindicalismo mexicano.

¿No lo cree Usted así…? ¡Ánimo!

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