CRISTALES. La vieja historia del traje nuevo

El traje nuevo del emperador es el cuento de un rey a quien dos estafadores convencieron para que vistiera una prenda confeccionada por ellos con una tela mágica que sólo los tontos e ignorantes no podían de ver, por lo que nadie se atrevía a negar su existencia. Así lograron que el emperador saliera a la calle luciendo su traje nuevo que era invisible y fue objeto de la burla y el escarnio de su pueblo al pasear desnudo por el reino. La moraleja usted ya la sabe y su mensaje cobra vigencia en la mayoría de los mandatarios, desde alcaldes y gobernadores hasta presidentes de la República. La soberbia los enceguece y se ponen el traje, paseando su desnudez política y espiritual, ahogados en su vanidad alimentada por el caudal de halagos y lisonjas de su hipócrita corte.

Póngale el nombre que quiera, porque son raras las excepciones de quienes no se dejan llevar por el canto de la sirena y tienen los pies muy bien puestos sobre la tierra, para no marearse cuando se suben a un ladrillo; lástima que son los menos. Algunos de ellos están como el viejito que persigue una y otra vez a una dama para conseguir sus favores, y cuando logra alcanzarla, ya no sabe qué hacer con ella; otros prometen el oro y el moro para llegar al poder ofreciendo cambios tan radicales que van a convertir el infierno que dejaron sus antecesores en el paraíso de la transformación por obra y gracia de su voluntad mesiánica. Lo malo es que, lejos de llevar al pueblo al cielo prometido, se convierten en una peor réplica del pasado, incurriendo en los mismos errores, pero con mayor magnitud.

El Traje Nuevo del Emperador es un cuento que debe ser lectura obligada de todo político que aspira a ocupar algún cargo público, de tal forma que el color del cristal de la humildad y del espíritu de servicio, se imponga al color del cristal de la soberbia, la vanidad y la prepotencia, recordando siempre que mandatario no es el que manda sino el que debe obedecer al mandato, para que ya no se repita la vieja historia del traje nuevo.

¿No lo cree Usted así…? ¡Ánimo!

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