CRISTALES. Las consecuencias de una sociedad enferma

En la víspera de la tragedia en el colegio Cervantes, una niña de 11 años fue asesinada a sangre fría presuntamente por policías en un pueblo del estado de Veracruz; el pasado viernes, una menor de 14 años fue violada y asesinada por su padrastro en el municipio de Ocampo, Coahuila; además de la pequeña Carol de 5 años que también fue violada y asesinada por su padrastro en Cd. Lerdo, Durango. Todos estos casos sucedieron en menos de una semana, del 6 al 10 de enero. Lo grave de la situación es que en este país nuestro cada día asesinan, en promedio, a 3.6 niños y adolescentes, lo que nos habla de una sociedad enferma en la que todos, de alguna forma, somos corresponsables incluso por omisión o indiferencia.

Es reprobable que las redes sociales se erijan como fiscales, jueces y verdugos que, sin fundamento alguno etiquetan a los buenos y los malos, juzgando sin bases sólidas las acciones y opiniones de todos y sentenciando al escarnio a a conveniencia para condenar o convalidar lo que ni siquiera logran entender a fondo. El sistema educativo parece estar más interesado en la grilla que en mejorar las condiciones de los estudiantes; los padres están más preocupados por los derechos de sus hijos, oponiéndose a la operación mochila, que por salvaguardar la vida de los menores, aunque con lo ocurrido el pasado viernes ya están de acuerdo con la revisión. Los medios están tan ocupados en llevar a tiempo la información de la violencia que han llegado a verla como normal.

Es una irresponsabilidad el análisis simplista, el juzgar a la ligera y el repartir culpas a diestra y siniestra, exculpándonos nosotros como sociedad. Todos somos corresponsables de la violencia que sufren o infringen los menores por acción, omisión o indiferencia. De ahí la importancia de cambiar el engañoso color del cristal de la postura radical del negro o el blanco sin los matices de gris, por el claro y preciso color del cristal de la responsabilidad compartida en la que, si cada quien hace bien lo que le corresponde: padres de familia, autoridades educativas, redes sociales y medios de comunicación, organismos cívicos, grupos e individuos, tendremos mayores posibilidades de atenuar las mortales consecuencias de una sociedad enferma.

¿No lo cree Usted así…? ¡Ánimo!

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