CRISTALES. Las promesas extraordinarias y las grandes decepciones

 

En esta ocasión nos referimos a las promesas extraordinarias de AMLO que, a 4 meses y medio de gobierno, han generado grandes decepciones, como el castigo que -advirtió- aplicaría a los corruptos; la reducción de los homicidios, el fin de los gasolinazos y el crecimiento de la economía, por mencionar 4 de las más importantes que, lejos de cumplirse y resolver, se han agravado. El presidente reculó en su advertencia de meter a la cárcel a la mafia del poder, sus propias cifras oficiales le restregaron que los asesinatos van a la alza, los aumentos a las gasolinas continúan imparables y todas las previsiones de crecimiento económico van a la baja, como lo advirtieron el Banxico, el FMI, la OCDE y las calificadoras internacionales, a los que hoy se les unió el BID.

En la mañanera de hoy se aventó otra promesa que seguramente tendrá el mismo destino de las anteriores: en 3 años tendremos servicio de salud igual que el de Dinamarca, Suecia y Canadá, y se garantizará la seguridad social de la cuna a la tumba. Ojalá que así fuera, pero la terca realidad se empeña en nublar las buenas intenciones presidenciales, ante un IMSS, ISSSTE y Seguro Popular incapaces de brindar los servicios en calidad y cantidad que el país requiere. Lo mismo se puede decir dos de las reformas más importantes que están pendientes de aprobar en el Legislativo: la educativa y la laboral. La primera, con la inminente desaparición del INEE como organismo autónomo para la evaluación magisterial, y la segunda, con un cambio de forma, no de fondo, en la que se empoderaría al líder de los mineros Napoleón Gómez Urrutia como el nuevo Fidel Velázquez, además de que el outsourcing quedó pendiente, y cuya regulación fue oootra de las promesas del gobierno morenista.

Dice el refrán popular: prometer no empobrece, cumplir es lo que aniquila, lo que hemos visto hasta hoy en el gobierno de la 4T. Cierto: es imposible que se resuelvan los graves problemas del país en 4 meses y medio, pero bien haría nuestro señor presidente en cambiar el oropelesco e ilusorio color del cristal de las buenas intenciones sin sustento, por el sólido y realista color del cristal de las acciones concretas y efectivas, y dejar a un lado las promesas extraordinarias que derivan en grandes decepciones.

¿No lo cree Usted así…? ¡Ánimo!

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