CRISTALES. Los altos costos de la irresponsabilidad ambiental

 

Hoy es el Día Mundial del Medio Ambiente y el tema para este 2019 gira en torno a la ‘Contaminación del aire’ y nos invita a considerar los cambios que debemos hacer para reducir el deterioro que propiciamos en nuestra vida cotidiana. El objetivo es eliminar de forma progresiva nuestra contribución individual al calentamiento global y, de este modo, detener sus perniciosos efectos en nuestra salud, y la del planeta. Un dato revelador: el gasto del sector público en México para la protección de los ecosistemas fue de 150 mil mdp en 2018, equivalente a 4 veces el presupuesto que ejerció Coahuila ese año o 40 veces el de Torreón, mientras que los costos por agotamiento y degradación ambiental fueron superiores a los 900 mil millones: seis veces más. La conclusión es obvia: el elevado costo para la prevención no reditúa beneficios ante el excesivo costo del deterioro ambiental.

Pero más elevado aún que el daño económico es el daño, en no pocos casos irreversible, a la flora, la fauna, el aire, la tierra y el agua derivado de la falta de conciencia ecológica y la irresponsabilidad social, empresarial y política. Los excesos de la humanidad en la deforestación y la polución en todo el mundo se manifiestan en el calentamiento global –que Donald Trump se empeña en negar- y generan fenómenos antes impensables, como los tornados, cada vez más frecuentes en Coahuila, y los temblores en la entidad, que no es zona sísmica, aunque la Asociación Mexicana contra el Fracking, atribuye estos fenómenos al uso de esa técnica para extraer gas shale del subsuelo, que es otra forma de dañar el ecosistema.

Es de urgencia vital que la efeméride de hoy cumpla el objetivo de la ONU de involucrar a la ciudadanía en los temas ambientales y motivarla para que se convierta en agente del desarrollo sostenible, para cambiar el repudiable color del cristal del egoísmo contaminante por el radiante color del cristal de la cooperación para que todos podamos disfrutar de un futuro próspero y seguro. Debemos ser proactivos y no reactivos; es decir, actuar antes de que ya no haya nada por hacer para revertir los altos costos económicos y ambientales de la irresponsabilidad hacia el ecosistema.

¿No lo cree Usted así…? ¡Ánimo!

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