CRISTALES. Los graves riesgos de la polarización

La polarización es un arma contra el enemigo en la campaña política y sí se vale y se justifica como un medio para alcanzar el fin: ganar la elección. Pero esa arma se vuelve en contra cuando se sigue utilizando después del triunfo electoral, como está sucediendo actualmente con la 4T. Porque ya no es sólo la confrontación entre chairos y fifís, amlovers y amlohaters, conservadores y liberales, morenistas y prianistas; la polarización ha permeado al interior del propio partido y del gobierno: Yéidckol Polevnsky contra Alfonso Ramírez Cuéllar por la dirigencia morenista, que se replica también en Coahuila, en Durango y en otros estados del país. Y en la esfera gubernamental, los funcionarios que han estado con AMLO desde el PRD y el inicio de Morena, contra los tránsfugas del PRI, PAN y otros partidos que hoy ocupan curules, escaños y cargos en el Ejecutivo federal.

Y luego están también los allegados del sector empresarial, como Alfonso Romo, que admitió ayer que el bajo crecimiento económico podría dificultar el éxito de la 4T, contra los allegados del sector político que, haciendo eco de su líder, pregonan: “vamos requetebién”. O Armando Guadiana que apoya el fracking, contra los que rechazan este sistema de extracción de gas al que también se opone el propio presidente. Pero la divergencia más grave se da en el sector energético, donde los esfuerzos de Alfonso Romo, que encabeza el recién creado gabinete de inversiones para abrir el sector a inversionistas privados, chocan con la mentalidad retrógrada y estatista de la secretaria de Energía Rocío Nahle y del director de la CFE Manuel Bartlett, cuya visión, en caso de imponerse, será el lastre mayor que termine hundiendo la economía nacional.

En una familia hay división, pero ante una amenaza, se unen; lo mismo pasa en el barrio, la ciudad y el país, incluso en el planeta, cuando hay la amenaza de una potencia extraterrestre, como lo hemos visto en las películas de ficción, por lo que no esperemos a sufrir un asedio externo para cambiar el patético color del cristal de la confrontación y el divisionismo por el alentador color del cristal de la armonía, la aceptación y la empatía para conjurar los graves riesgos de la polarización.

¿No lo cree usted así…? ¡Ánimo!

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