CRISTALES. Más habladores que cojos 

Si es cierto que Cae más pronto un hablador que un cojo, el señor presidente López Obrador ya lleva varias caídas, producto de hablar demasiado, sin el soporte suficiente para sostener sus dichos. En febrero de 2014 despotricó contra Peña Nieto y Videgaray por el pobre crecimiento de 0.8% del PIB en el primer bimestre de ese año, y aseguró que con él no sería así. Lo malo es que fue peor: el crecimiento económico en México durante el segundo trimestre del año fue de 0.1 por ciento. Y sí, tiene razón al justificar que ese trimestre fue el peor para el desempeño del PIB en 10 años, argumentando que en todos los arranques de gestión hay problemas; pero eso no fue lo que él prometió.

Es positivo que se haya conjurado la previsión anunciada de una recesión, ya que siempre sí hubo un crecimiento… pobre, muy pobre, pero al menos no hubo un decremento. Aunque de eso a celebrarlo, como lo hizo esta mañana el presidente, hay una gran distancia, más aún si consideramos que el resto de los indicadores van a la baja. La Cepal se sumó ayer a los que redujeron la perspectiva de crecimiento de México en 2019, del 1.7 al 1%. Peor aún: en la consulta del Banco de México, analistas lo recortaron más: de 1.13 a 0.79%. Y aunque el gobierno se empeñe en tapar el sol de la realidad con el dedo de una declaración, la economía está estancada, el empleo formal contraído, la inversión paralizada y la inflación ronda el 4%. Todos los cerebritos en el rubro financiero ven, ya no difícil, sino imposible que se cumpla la promesa presidencial de terminar el año con un crecimiento superior al 2%.

Sería muy estúpido aquel que quiera que le vaya mal a México para echarle en cara a la mayoría que votó por AMLO el error de su sufragio. No es de buenos mexicanos desear eso. Pero sí sería conveniente para el país y para el mismo gobierno de la 4T cambiar el engañoso color del cristal de las falsas expectativas y las declaraciones sin fundamento por el confiable color de la verdad, por dura que sea, reconociendo que es de humanos errar y de sabios rectificar, para que no llegue el día en que en esta nación nuestra haya más habladores que cojos.

¿No lo cree Usted así…? ¡Ánimo!

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