CRISTALES. Medina Mora y Bartlett: justicia selectiva

No cabe duda que el gobierno de la 4T se aventó una carambola de 3 bandas en la renuncia de Eduardo Medina Mora, que es investigado por la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda: se deshizo de la herencia de Enrique Peña Nieto que fue quien lo impuso en la SCJN; sirvió de ejemplo en su lucha contra la corrupción; y, lo más importante, le dio la oportunidad de sustituirlo con un incondicional del presidente de la República, con lo que se afianza su control sobre el Poder Judicial, pues en el Legislativo ya lo tiene. Lo que es de llamar la atención es la rapidez con la que se aceptó la renuncia del magistrado Medina Mora, que contrasta con la parálisis para exigirle al director de la CFE, Manuel Bartlett, aún más cuestionado, que renuncie para que se le investigue por señalamientos de enriquecimiento ilícito y conflicto de intereses.

Una investigación reveló que la familia de Bartlett posee 23 bienes inmuebles y dos terrenos con un valor de 800 millones de pesos, así como la existencia de 12 empresas: 5 a nombre de su hijo como socio principal, otras 5 están a nombre de la pareja de don Manuel, y dos más con él mismo al frente del acta constitutiva. Pero, a diferencia de Medina Mora, que también se trata de propiedades y compañías familiares, Bartlett está cobijado bajo el manto de la impunidad, ya que las revelaciones en su contra no han sido tomadas en cuenta por la Unidad de Inteligencia Financiera para investigarlas, ya que tiene la protección de su jefe y tocayo, quien lo exoneró de antemano, pues dijo que Bartlett enfrenta una campaña de los conservadores neoliberales. Y resulta que don Manuel fue cómplice, como funcionario de primer nivel y luego legislador, de los gobiernos neoliberales de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, además de protagonista del fraude electoral del 88 cuando le robaron el triunfo a Cuauhtémoc Cárdenas.

Para eliminar sospechas de que se mide con diferente vara a los presuntos corruptos, bien haría la 4T y su presidente en cambiar el oscuro color del cristal de la benevolencia a los amigos que contrasta con la malevolencia hacia los enemigos por el definido color del cristal de la neutralidad y equidad que disipe las dudas bien fundamentadas de un gobierno donde se imparte una justicia selectiva y una legalidad a modo.

¿No lo cree Usted así? ¡Ánimo!

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