CRISTALES. Mujeres, víctimas de una sociedad enferma

Indigna, duele, escandaliza –pero no pasa de ahí- el caudal de crímenes que se cometen en contra de la mujer. No hay día en que no se registre uno o más feminicidios en el país. Las cifras son alarmantes: de diciembre de 2018 a diciembre del 2019 aumentaron casi 17% y en el último lustro 137%. En el primer año del presidente que dijo ‘No quiero que los feminicidios opaquen la rifa del avión’, se registraron mil 60 feminicidios, casi 3 diarios. El aumento acelerado encuentra entre sus causas, la falta de sensibilidad de los fiscales que insisten en catalogar los feminicidios como homicidios convencionales, lo que normaliza la violencia y la muerte en contra de las mujeres en razón de género. De ahí la oposición generalizada a la propuesta del titular de la FGR, Alejandro Gertz Manero, de eliminar la tipificación el feminicidio, para clasificarlo como homicidio agravado.

Dígame Usted si no es en una sociedad enferma donde un asesino, la pareja sentimental Ingrid, cuenta cómo le clava un cuchillo en el cuello y la destaza para tirar sus restos en el drenaje, ante la estúpida y criminal indiferencia de los vecinos que escuchaban los gritos y las peleas cotidianas de la pareja, pero nadie avisó a alguna autoridad que, dicho sea de paso, tal vez hubiera servido de poco ante la rampante impunidad, pero al menos hubiera puesto sobre aviso. Una sociedad enferma, carente de educación cívica y cultura de equidad de género que tampoco hizo nada por Lorena Gutiérrez, la madre de Fátima, la niña de 12 años que violaron y asesinaron a golpes de piedra, sin que, hasta hoy, se haga justicia. Estos brutales ejemplos reflejan una cruda y asqueante realidad en la que se replican WhatsApp, post y tuits sólo para alimentar el morbo, pero sin generar una verdadera conciencia de la magnitud del problema.

Si no se toman medidas extremas y urgentes, pero ya, el problema seguirá en aumento y será imposible cambiar el macabro y letal color del cristal del incremento de los feminicidios y la impunidad que conlleva, por el grato y vivificador color del cristal del respeto a la vida, la dignidad e integridad del género femenino para que las mujeres dejen de ser las mudas e impotentes víctimas de una sociedad enferma.

¿No lo cree Usted así…? ¡Ánimo!

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