CRISTALES. Sin ciudadanos confiables no hay gobiernos confiables.

 

Hoy nos referimos a la necesidad de tener gobiernos confiables, para lo que es requisito indispensable contar con ciudadanos confiables. Pero ¿qué tan preparados estamos como ciudadanos para ser considerados confiables? Por lo general, los gobernados exigimos a los gobernantes que se ganen nuestra confianza, pero el camino es de doble vía y el compromiso recíproco. ¿Qué autoridad moral tiene un conductor para exigir un alto a la corrupción y una aplicación eficiente de los recursos provenientes de los impuestos, cuando da mordida al tránsito, conduce un “chocolauto” o es evasor fiscal? De ahí la urgencia de establecer la sinergia entre sociedad y gobierno, en la que éste se comprometa a ejercer la política con auténtico espíritu de servicio, y no con afanes partidistas ni de lucro, y la ciudadanía cumpla con todas sus obligaciones: pagar impuestos, respetar leyes y reglamentos e involucrarse en la vida pública mediante su activa participación cívica.

No esperemos que de los políticos surjan por voluntad propia el espíritu de servicio, la eficiencia y la honradez, valores indispensables de una nación de primer mundo. Para ello, se requiere el impulso de una sociedad civil comprometida. Jaques Delors, presidente de la Unión Europea de 1985 a 1994 decía: “Sólo a través del esfuerzo permanente de cultura política, comprensión y reflexión sobre los acontecimientos, con la acción llevada a cabo en el seno de los grupos sociales, un hombre puede convertirse en ciudadano y participar en la construcción y en la vida de su ciudad”.

Exijamos a las autoridades que asuman su responsabilidad con honradez, eficiencia y calidad; pero también seamos corresponsables, cumpliendo con nuestras obligaciones para cambiar el deprimente color del cristal del país tercermundista por el alentador color del cristal de la nación desarrollada y progresista que debemos ser. Porque nadie puede arrojar la primera piedra cuando no está libre de culpa, ni exigir sin antes cumplir. La madurez de una sociedad se manifiesta con acciones concretas que resultan ejemplares para sus autoridades a sabiendas de que, sin ciudadanos confiables no hay gobiernos confiables.

¿No lo cree Usted así…? ¡Ánimo!

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