CRISTALES. Tropezones presidenciales.

 

Alguien a quien sí le haga caso le debe señalar al presidente López Obrador los graves errores en que está incurriendo, antes de que sea muy tarde y ya no haya punto de retorno, echando por la borda el cuantioso capital político con el que llegó al poder… A menos que, a estas alturas, el poder lo haya mareado tanto que ya no le haga caso a nadie. Los tropezones más recientes incluyen su alusión en un tuit al golpe de Estado que ahuyentó inversiones y vino a polarizar más todavía a las, ya de por sí, tensas relaciones de AMLO con el círculo rojo; agregue Usted el calificar de ‘imprudente’ al General que manifestó su inconformidad porque, dijo, ’La sociedad está polarizada’, y advirtió: ‘nos sentimos agraviados como mexicanos y ofendidos como soldados’; peor aún: ‘balconeó’ al militar encargado de la inteligencia contra el crimen organizado.

Otro tropezón presidencial es el de su pleito –nada nuevo- con periodistas a los que comparó con perros, aduciendo que él les quitó el bozal y le muerden la mano, aunque, como dijo uno de esos periodistas, sea el propio presidente quien enseña los colmillos, muerde y ladra todas las mañanas a quien ose contradecirlo. Motivo de críticas también fue el exhibir a tuiteros, entre ellos, al hijo de Felipe Calderón y Margarita Zavala, y azuzar a sus seguidores a atacarlos, ocupando su tiempo en esas nimiedades, en lugar de atender la grave crisis de violencia, cuya escalada se niega a aceptar y que, al contrario, asegura que se está conteniendo, justo cuando el país se estremeció con la tragedia de la familia LeBarón en la masacre donde fueron asesinados 9 de sus miembros, 7 niños incluidos.

Carlos Salinas acuñó la frase ni los veo ni los oigo, y así parece estar el actual presidente: ciego ante los graves problemas de violencia y sordo a los reclamos de frenar la inseguridad y hacer ajustes a la política económica ante la baja en los pronósticos de crecimiento del PIB y la inminente recesión en puerta, por lo que urge un golpe de timón que cambie el ominoso color del cristal de la crítica situación actual por el luminoso color del cristal de la rectificación de rumbo que lleve la nave nacional a puerto seguro y ponga fin a tantos tropezones presidenciales.

¿No lo cree Usted así…? ¡Ánimo!

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