El buen líder político

Tan extraviados hemos estado en los últimos años, que hemos confundido por completo lo que debería ser un buen líder político. Un buen líder no es aquel que se granjea apoyo popular por medio de la burla y el menosprecio de sus adversarios. Eso puede ser un bravucón pandillero, pero no un buen líder. Tampoco lo es aquel cuya gestión pública procura competir en las portadas de la farándula junto con actores, modelos y cantantes de moda. Eso sería una celebridad, no más que eso.

Para entender mejor lo que debería ser un buen liderazgo político debemos comenzar por establecer que un líder es básicamente alguien que encauza la realidad hacia un rumbo. Por ello, no debe entenderse como el conductor que maneja un vehículo. De manera distinta, él o ella es quien debe ayudar a abrir los caminos para que los procesos sociales puedan discurrir de la mejor manera en la búsqueda por aportar al bien común. Por ello se requiere de mucha prudencia y sabiduría en el devenir del flujo social.

Es así que el líder político ha de ver en el otro no a un adversario, sino a uno que también busca el bien común. En consecuencia, debe moderar su carácter y respetar al otro. El buen político debe mesurar su locuacidad. Su discurso debe revelar tanto contenido de fondo como de forma en la búsqueda por contribuir en el cultivo del acervo de la comunidad. Por ello debe haber educación, forma y elegancia en su palabra y su presencia debe transmitir confianza.

Igualmente el buen líder político debe darse cuenta de la inevitable necesidad de confiar en la sociedad civil. La democracia no puede limitarse al sufragio, ni tampoco a los mítines de las campañas. La democracia necesita del ejercicio ciudadano. El buen líder político debe cuidar de la apertura de espacios de discusión y aporte para que la solidaridad se haga patente en la comunidad. Más que el aplauso, el político debe sembrar la esperanza para que la sociedad pueda revelarse en su esplendor.

Definitivamente, amigo radioescucha, el buen líder político debe reconocer que él o ella no son los que crean la historia, pueden ser los parteros que ayudan a que ella se revele. En palabras del Papa Francisco: “hoy o se apuesta por la cultura del encuentro o todos pierden”. Por ello, el buen líder político debe abrir espacios para el reconocimiento del otro, el respeto, el argumento sólido y bien presentado, la discusión solidaria y, sobre todo, la humildad de saberse que no es el destino, sino que solo está de paso.

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