El ciudadano debe discernir la verdad de la mentira

 

Desde siempre, las noticias falsas han hallado suelo fértil para multiplicarse en tiempos de calamidad. La pandemia del COVID-19 no es la excepción: por ejemplo, mucha gente cree que el coronavirus surgió por un ciudadano chino que comió sopa de murciélago, pero en Wuhan no se consume. Un tuit mostró a una mujer consumiendo la sopa y se hizo viral como si ocurriera en China, cuando el vídeo provenía de una isla de Oceanía.

El problema de las noticias falsas es que la mayoría no son del tipo blanco o negro. No son falsas del todo, pero tampoco son verdaderas. El presidente Donald Trump ha sido un defensor de la cloroquina como medicamento para el tratamiento del coronavirus pero no hay evidencia de que el medicamento sea beneficioso y estudios indican posibles daños secundarios. En este caso, no se trata de una noticia falsa porque sea mentira, sino porque no se tiene la evidencia suficiente para asegurar su veracidad.

Similar a lo que ocurrió hace unos días con un tuit publicado también por el presidente Trump. El gobernador demócrata de California, Gavin Newsom, adelantó una iniciativa para que las próximas elecciones presidenciales sean realizadas vía correo postal, como asunto de salud pública ante la pandemia. La respuesta de Trump fue indicar que la iniciativa es fraudulenta, que los casilleros postales serán robados y las boletas forjadas. La empresa Twitter colocó el aviso de advertencia que utiliza frecuentemente ante noticias falsas.

El presidente Trump respondió firmando una orden ejecutiva restringiendo la libertad de las empresas de redes sociales argumentando que ejercen un poder peligroso. Similar al reclamo de transparencia a esas empresas por el presidente López Obrador, al denunciar que la oposición utiliza bots para posicionar noticias en su contra, cuando él y Trump basaron gran parte de sus campañas en el uso de redes, en especial Twitter. Sin embargo, ambos la están atacando en este momento.

Definitivamente amigo radioescucha, no siempre las noticias son verdaderas o falsas en su totalidad. Con frecuencia, la opinión de los políticos en torno a los medios de comunicación y las redes sociales depende de su conveniencia y su popularidad en el momento. Así, López Obrador critica a Twitter ahora que su popularidad ha bajado a menos del 50%, pero no lo hacía cuando lograba monopolizar el debate a su favor. En todo caso, el ciudadano debe discernir la verdad de la mentira.



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