El reto de los estudiantes en la segunda década del siglo XXI

 

A 91 años de los sucesos del 23 de mayo de 1929 por los que se conmemora el Día del Estudiante, se recuerda que alumnos de la Universidad Nacional de México lograron por la autonomía, la libertad de investigación científica y la búsqueda racional de la verdad, alejada de intereses políticos, religiosos y económicos, para dedicarse de lleno al cultivo de la ciencia y la cultura.

Hoy los estudiantes enfrentan una nueva época muy compleja y distinta a la de 1929. En la segunda mitad del siglo XX, la universidad se convirtió en símbolo de movilidad social: que los hijos cursaran una carrera se convirtió en la esperanza de millones de familias mexicanas. El título garantizaba la movilidad social y ser profesionista era la escalada segura para llegar a ser de clase media o incluso alta.

Sin embargo, esa esperanza se fue perdiendo en las últimas décadas: el costo de sostener un estilo de vida típico de clase media se ha incrementado con el tiempo a una velocidad mayor que la de los salarios e ingresos. Hoy cuesta más una casa digna, una educación de calidad, un buen servicio de salud y un mejor estilo de vida que en los 70s porque esos costos han sido más altos que los de la inflación y superaron la media de los ingresos de una familia de profesionistas.

Además, la acelerada automatización actual ha puesto en peligro carreras tan icónicas como la abogacía, la medicina y la contaduría, lo que no significa que desaparezcan esas profesiones, pero sí que muchas de las tareas que ellos realizan como redacción de documentos, colocación de una vía intravenosa o llevar el libro de ingresos y egresos serán automatizadas. Así, ante este panorama, los estudiantes de hoy se encuentran ante una gran incertidumbre sobre el futuro de sus carreras y sus vidas profesionales.

Definitivamente amigo radioescucha, la educación superior en México está en una encrucijada que definirá el futuro de la nación y su inserción en la economía mundial. La crisis por la pandemia corroboró la obsolescencia del sistema educativo. Sin embargo, más allá de la actualización tecnológica, el problema de fondo es un cambio de época que exige encontrar el sentido de la educación, que es el mayor de reto de los estudiantes mexicanos en la segunda década del siglo XXI.



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