El riesgo a la salud de los consumidores desinformados

 

La información es poder, sobre todo, cuando ésta es de calidad. Tener los conocimientos adecuados en el momento oportuno conduce a tomar mejores decisiones y a sortear mejor las vicisitudes de la vida. Ocultar información de trascendencia e interés público ha sido una estrategia recurrente utilizada por los poderosos para mantener el statu quo. La batalla por la transparencia en México no sólo se da en el escenario de los gobiernos; incluye también al sector privado cuya actividad vulnera la integridad de las personas.

Así se da la lucha que sostienen organizaciones ciudadanas para obligar a que las industrias del tabaco, alcohol, bebidas azucaradas y comida chatarra transparenten información relativa al impacto en la salud que ocasiona el consumo de sus productos. Se les exige que coloquen en el etiquetado frontal de sus productos, información verídica y accesible que permita a los consumidores decidir mejor su compra. Existen obvias razones por las que las empresas se niegan a colocar dichas etiquetas en sus productos.

El motivo principal es que hay evidencia suficiente de que el etiquetado frontal que proporciona una información adecuada sobre el impacto en la salud de los productos disminuye sus ventas, lo que, por supuesto, es indeseable para las empresas, cuyo principal argumento se refiere a su participación en la economía, los empleos que generan y su contribución al PIB. Sin embargo, la exigencia es que se hagan más responsables socialmente, lo que implica reconocer los posibles daños que ocasionan sus productos.

De acuerdo con lo que denuncian organizaciones como El Poder del Consumidor, en lugar de que las empresas asuman su tarea en un escenario en el que hay tantos problemas por obesidad infantil, lo que hacen es en destinar recursos para cabildear e impedir que los legisladores a nivel federal adelanten una ley que exija el etiquetado frontal que revele el daño potencial de sus productos. Además, denuncian una guerra sucia en contra de quienes realizan la exigencia de estas medidas como mecanismo para proteger sus intereses, sin importar las consecuencias de sus actos.

Definitivamente amigo radioescucha, se entiende la necesidad de generar riqueza y empleos, sin embargo, no debe hacerse a costa la salud de la población. Si bien, las etiquetas frontales impactan las ventas de productos dañinos, no hay evidencia que demuestre que hacen quebrar a las compañías, menos cuando éstas reaccionan de manera favorable, mejorando sus productos. Su actividad debe continuar, pero siendo socialmente responsables, al advertir sobre las consecuencias negativas por el riesgo a la salud que corren los consumidores desinformados.



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