En pro del bien común

Como sabemos, en su más reciente visita a La Laguna, el presidente Andrés Manuel López Obrador emplazó a las autoridades políticas a hacer que fueran retirados los amparos contra el proyecto “Agua Saludable”. A partir de allí, hemos venido presenciando un creciente movimiento que pudiéramos resumir en “Todos contra Prodenazas”. De esta manera, diferentes voceros de partidos políticos, de la iniciativa privada y de la sociedad civil han salido a la palestra pública para manifestar su apoyo a la obra, como si se tratara de escoger el color de una camiseta.

El presidente López Obrador y sus directores de la Conagua dicen y repiten que la obra no afectará negativamente a nadie. Señalan que es un asunto de derechos humanos, que la vida está por sobre todo, y casi que hasta se eliminará el cáncer en la región. Pero los problemas no se resuelven mágicamente. No se trata de un concurso de preferencias ni tampoco de recitar letanías.

El problema del agua en la Laguna es causado por la sobreexplotación de los acuíferos. Hay bastante evidencia sobre ello y sobra sentido común para entenderlo. De los pozos subterráneos se saca el doble del agua que le ingresa. Obviamente era solo cuestión de tiempo para que se agotaran. Cuando se consumieron, en vez de procurar modos sustentables de gestión, se pretende ahora utilizar el agua superficial con básicamente el mismo modelo que agotó la subterránea. De modo tal que será sólo cuestión de tiempo para que se acabe con el último recurso de agua que queda en la región.

Por esta razón, el problema no debe atenderse como un concurso de fuerzas. “Agua Saludable” no es un enfrentamiento de David contra Golliat. No debemos quedarnos expectantes para ver si gana la fuerza de la coalición de gigantes o el tiro acertivo del solitario grupo ambientalista. De lo que se trata es de entender el problema, comprender sus aristas y responder con soluciones sistémicas. No se trata de atacar los síntomas, sino de curar las causas que producen la enfermedad.

Definitivamente, amigo radioescucha, no dejemos que bravucones de oficio azucen el conflicto y la pelea. Por el contrario, asumiendo que se trata de una solución que afectará la vida presente y futura de la región, tomemos una decisión prudente y calmada, que sea sustentable y pueda seguir brindando cobijo tanto a las presentes como a las futuras generaciones de laguneros. Llamemos a un diálogo, profunda y genuinamente democrático, en el que las partes presenten sus visiones para así, entre todos, hallar la mejor solución en pro del bien común.

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