El error de tapar un pozo, abriendo otro

 

Tras reunirse con los seis gobernadores de los estados del norte de México, AMLO confirmó que, a partir del primer día del 2019, habrá un incremento al doble del salario mínimo y una reducción del ISR al 20% y del IVA al 8% pero, sólo para las ciudades de la frontera norte del país, creando así una “zona libre”. Además, anunció apoyos por 10 mil millones de pesos para destinarlos a colonias de alta marginación ubicadas en 15 municipios del país, de los que cinco están también en los límites con Estados Unidos.

López Obrador aseguró que las medidas se traducirán en un aumento en la productividad de los 44 municipios de las seis entidades que están en la frontera norte, y las ciudades en esa zona del país son la última cortina para contener la migración de connacionales hacia Estados Unidos. Y aunque los gobernadores se mostraron satisfechos con los anuncios del presidente electo, analistas y expertos avizoran una serie de consecuencias negativas que, al parecer, no previeron los cálculos de López Obrador.

La que más inquieta es la migración de domicilios fiscales -que no de empresas- a las ciudades fronterizas. La razón es sencilla: la diferencia que se pretende establecer en el impuesto que grava las utilidades en las fronteras, comparadas con el resto de país donde se paga hasta el 35%, hará que resulte atractiva la instalación de una pequeña oficina en una ciudad limítrofe para situar ahí fiscalmente la operación de las empresas, lo que las llevará a incrementar sus ganancias netas al pagar un impuesto menor.

Así, los beneficiados serían principalmente las empresas que tienen la capacidad para establecer domicilios fiscales en la frontera, reduciendo el impacto positivo real que pretende la medida impulsada por AMLO, al afectar la captación fiscal de la federación. Además, hay otro asunto cuestionable: de acuerdo con las cifras oficiales, las ciudades de la frontera norte son mucho más productivas y cuentan con una infraestructura muy superior a las de la frontera sur. Entonces ¿dónde queda el prometido combate a la desigualdad?

Definitivamente amigo radioescucha, más allá de filias y fobias ideológicas, preocupan las medidas anunciadas por el presidente electo que resuelven las necesidades de unos pocos y descuidan el bienestar del resto. Ese ha sido parte del problema nacional y del fracaso de los gobiernos, por eso la inquietud de caer en el mismo error de siempre. Ojalá que la sensatez se imponga porque, de lo contrario, nos espera un sexenio de muchos sinsabores para un país que votó por una supresión de los privilegios, que no llegará si, para tapar un pozo, se tiene que abrir otro.

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