Estado sin control

 

Francisco Rivas, director del Observatorio Nacional Ciudadano, señala que en los 500 municipios más pobres del país está aconteciendo que las bandas criminales se están adueñando de los mercados de alimentos. De esta manera, los grupos delincuenciales cobran tanto el llamado derecho de piso como las cuotas para permitir la distribución. Además, exigen los rubros a ser sembrados, el distribuidor al que deberán venderle la cosecha o comprarle el producto, entre otros muchos tipos de extorsión.

En esta situación se encuentra ya gran parte de la nación. El crimen organizado se viene apoderando de los circuitos de pollo, leche, huevos, refrescos, cervezas, cigarrillos, limones, aguacates, lechugas, tomates y espinacas. Crean «monopolios» de facto sobre estos bienes. Dice Rivas que las drogas ya no es el único negocio que da los recursos a la delincuencia organizada sino que tienen el control del robo de combustibles, de los mercados legales y hasta del agua.

Los modos de chantaje son múltiples y van desde el secuestro de la mercancía, la quema del negocio, las amenazas contra familiares o hasta las agresiones físicas y el asesinato. El reporte del Observatorio relata la experiencia de una familia que tenía un depósito de cervezas en su casa. Luego de haber sido extorsionados múltiples veces decidieron cerrar el negocio. En respuesta, un grupo criminal se adueñó del local y ahora tienen que convivir dentro de su hogar con los delincuentes que mantienen activo el almacén.

En Celaya, Guanajuato, un comerciante indica que el alcalde es un señor inútil con buena voluntad. En efecto, la situación está llegando a un punto en que por más buenas intenciones que puedan tener algunos servidores públicos, las bandas criminales son las que están gobernando en múltiples regiones del país. Es así como acaba gestándose un poder muy alejado de la racionalidad expresada en las leyes y que se revela en esa especie de orden basado en la irracionalidad del crimen.

Definitivamente, amigo radioescucha, es claro el fracaso de la estrategia de los abrazos y no balazos del presidente Andrés Manuel López Obrador. Uno de los principales peligros que se yergue sobre la nación es la inacción ante tal situación. A tiempo que la seguridad brilla por su ausencia, los grupos criminales se revelan campantes a todo lo ancho y largo del país. Entre más tiempo pase sin actuar más difícil será lograr el control. ¿Hasta cuándo tendremos que esperar para que el estado cumpla su función?

 



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