Gobernar para los ciudadanos, no para los partidos

Alejandro Buendía

Bancadas panistas votando en contra de todo lo que propone la bien, o mal llamada, 4T. Bancadas priístas apoyando lo que dice la mayoría y rechazando las iniciativas de la derecha. Ideologías truncas, propuestas marchitas, ciudadanos en el olvido.

Así, con intransigencia y descaro, los funcionarios públicos que representan al poder legislativo en los Congresos y los cabildos a nivel municipal funcionan en pro de los intereses de sus partidos, de sus jefes, y no de los ciudadanos, quienes cada vez están más desplazados y sin posibilidades reales para participar e incidir en la función pública.

En el Ayuntamiento de Torreón, por ejemplo, cada vez que hay sesión general de Cabildo, las cuales pueden ser consultadas por los ciudadanos a través de las redes sociales de la administración municipal, lo único que destaca son los golpeteos, los adjetivos, las injurias y las descalificaciones.

En el otro extremo, en una esquina mugrienta, empolvada y olvidada, se quedan las propuestas que podrían beneficiar a una ciudadanía ignorada y pisoteada por los poderes fácticos que nos gobiernan.

En el Congreso de Coahuila el comportamiento es similar. La bancada que representa a la mayoría, misma que está representada por el Partido Revolucionario Institucional, junto a Elisa Villalobos, de Morena; Claudia Isela Ramírez, del PRD y Édgar Sánchez, como diputado independiente, votan a favor de cualquier propuesta del Gobernador Miguel Riquelme y de los integrantes afines a sus intereses. En contraste, las iniciativas de la bancada del PAN, de la Unidad Democrática de Coahuila y del otro integrante de Morena, van directo hacia el basurero. Los contrapesos en el legislativo no existen porque, por una parte, no saben ganarse las simpatías de sus compañeros en la cámara y, por la otra, son pisoteados por una bancada que no vota a través de voluntades y razonamientos individuales, sino por impulsos y motivaciones colectivas abrazadas por el interés de un órgano político.

Así, la ciudadanía, en todo el territorio mexicano, y particularmente en Coahuila y en la Comarca Lagunera, gravita con empleos mal pagados, servicios públicos de mala calidad, agua contaminada, calles resquebrajadas, vandalismo, robos y violencia.

¿Qué hace falta para que los funcionarios se den cuenta que deben trabajar en la construcción de una agenda ciudadana, y no en pro de los intereses particulares de sus partidos? ¿Cómo hacerles entender que la única vía para alcanzar el desarrollo es atendiendo las necesidades de la gente para generar proyectos que ayuden a la cimentación de un sistema más eficaz y equitativo?

La clave, sin duda, está en la ciudadanía, en la participación, en el señalamiento, en la propuesta, en la presión y, sobre todo, en la paciencia, la inacabable paciencia.

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