La legalización no es una panacea

Diversos países como Holanda, Canadá, Sudáfrica, Georgia y Uruguay, así como 15 estados de los Estados Unidos y el territorio capital de Austrialia, han legalizado el uso tanto medicinal como recreativo de la marihuana. Ahora bien, es pertinente que ante lo que parece ser su inminente legalización por parte del Congreso de la Unión, se revisen la experiencias de otros gobiernos con miras a desmitificar algunas de las prebendas con las que la legalización es presentada y se clarifiquen mejor no sólo sus beneficios sino también sus peligros.

Con frecuencia quienes promueven la legalización de la marihuana arguyen que con esto se elimina la sensación de peligro, que es el atractivo de muchas personas para consumirla. Sin embargo, diversos estudios realizados parecen indicar que tras su legalización, el consumo de la cannabis aumenta. Por ejemplo, en California se incrementó el uso recurrente por parte de jóvenes adolescentes de secundaria. Mientras que en Australia, la legalización ha sido seguida del consumo por más tiempo de parte de los que anteriormente hubiesen sido consumidores esporádicos.

Otro argumento que se presenta regularmente es que con la legalización se reduce el crimen. Sin embargo, en estados como Nebraska, que despenalizó la posesión de pequeñas cantidades de cannabis en los años setenta, esto no se reflejó en una reducción de los arrestos por posesión de esta droga. Sin embargo, sí aumentó las causas abiertas por posesión en jóvenes menores. Por otra parte, la legalización de la marihuana ha sido asociada también con repercusiones en el sistema de salud. Por ejemplo, en Colorado, aumentó el número de emergencias por síndrome de vómitos cíclicos.

Cuando en Uruguay, el expresidente José “Pepe” Mujica impulsó la legalización de la marihuana, argumentaba que era una medida contra el narcotráfico para robarle el mercado. No obstante, para 2019, sólo 1 de cada 3 consumidores de cannabis en ese país la obtuvo en el mercado regulado. Antes de la legalización, la hierba provenía principalmente de Paraguay, ahora, los productores son locales. Se trata de marihuana doméstica sembrada en los distintos hogares uruguayos y que se comercializa al margen de la ley. Por su parte, el narcotráfico en Uruguay mudó hacia la cocaína no sólo para el consumo local sino ahora también para la exportación.

Definitivamente, amigo radioescucha, la legalización de la marihuana no es una panacea que resuelve todos los problemas. La cannabis es una droga, trae consigo adicción y su uso continuo produce diversas enfermedades y psicosis. En los países en los que se ha legalizado, los carteles del narcotráfico se han reacomodado sin mayor problema. Ante la proximidad de la legalización de su uso recreativo, medicinal e industrial, es necesario que dejemos de lado las falsas ilusiones y se construya un marco legal e institucional lo suficientemente sólido.

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