La Ley de Industria Eléctrica y el futuro de México

 

Ante la posible aprobación de la reforma a la Ley de la Industria Eléctrica impulsada por AMLO, el gobernador Miguel Ángel Riquelme ha manifestado que recurrirá a una controversia constitucional. El anuncio fue realizado en respuesta a las afectaciones que sufriría tanto el estado de Coahuila, como el país y la relación comercial con Canadá y los Estados Unidos. Riquelme Solis denunció también que, lamentablemente, no hay diálogo y que los legisladores morenistas han anticipado que no cambiarán ni una coma al proyecto.

De acuerdo con lo que ha dicho el presidente López Obrador, lo que pretende la ley es el ordenamiento del sistema eléctrico. En lo concreto, el proyecto de reforma le permite a la Comisión Federal de Electricidad no tener que comprar energía a través del mecanismo de subastas. De esta manera, la Comisión dirigida por Manuel Bartlett, no se vería obligada a adquirir energía de empresas privadas que generen electricidad más barata. Tal y como lo ha manisfestado el mismo presidente, se busca fortalecer a la CFE.

Adicionalmente, la reforma de la ley establece una prioridad según la cual la energía hidroeléctrica ocuparía el primer lugar, seguida por la fósil en segundo y las energías eólica y solar en tercero. Ahora bien, gran parte del debate en relación a esta priorización se ha enfocado en si las energías son contaminantes o no y ha dejado oculto el modelo de sociedad que impulsa cada una. Mientras los críticos arguyen que las energías fósiles son contaminantes, quienes lo defienden se enfocan en que la energía hídrica es limpia.

Sin embargo, esta no es la única arista de la discusión. Es necesario destacar que las energías hidroeléctrica y fósil tienen en común que exigen modos centralizados de generación. Por el contrario, las energías solar y eólica se basan en modos de producción descentralizados. En otras palabras, la promoción de las energías solar y eólica le quitarían el poder del monopolio energético al Gobierno federal. Dado que éstas no necesitarían ni de grandes represas, ni de termoeléctricas fuertemente vigiladas y controladas, en favor de múltiples empresas privadas

Definitivamente, amigo radioescucha, la controversia en relación con la reforma de la Ley de la Industria Eléctrica es un espacio más en el que se enfrentan dos visiones contrarias de la sociedad mexicana. No debe extrañarnos que ante la misma hayan aparecido nuevamente los gobernadores de la Alianza Federalista en defensa de un modelo de nación descentralizado y en contra de la visión presidencialista de López Obrador. De esta manera, en la disyuntiva entre una industria energética centralizada o una descentralizada puede yacer todo el futuro de la sociedad mexicana.



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