La necesidad de una mirada sistémica al problema de la violencia

 

2020 se perfila ser un año aún más violento que 2019: de enero a abril se han perpetrado más homicidios que en el mismo período de 2019. En particular, los meses de marzo y abril mostraron incremento superior al 7%, con 5 mil 88 asesinatos en comparación con los 4 mil 735 contabilizados el año pasado. Así, mientras la gran mayoría de la población está atenta a la evolución de la pandemia del Covid-19, las organizaciones criminales hacen de las suyas.

El resultado de la guerra contra las drogas centrada en capos y cárteles, trajo la fragmentación de los grupos delincuenciales en pequeñas células, lo que aceleró la lucha por el control de fracciones modestas de la economía; así, además del tráfico de drogas, la actividad criminal se extendió a otros rubros de lo más diverso. Entender cómo operan esas pequeñas organizaciones es fundamental para diseñar la política idónea que reduzca la violencia.

Andrés Manuel López Obrador ha minimizado el problema sobremanera y el resultado salta a la vista. Como candidato decía que atendería las causas de la violencia de una manera más humana y eficaz; como presidente, optó por la política de abrazos y no balazos contra la delincuencia. Por desgracia, programas como el de becas y Universidades para el Bienestar, no lograron reducir los índices de violencia; por el contrario, han aumentado sin parar.

Por otra parte, y de manera contradictoria, otra política pilar de la 4T es la Guardia Nacional. Como presidente electo, AMLO anunció su creación en noviembre de 2018; sin embargo, ante la falta de efectividad y el crecimiento vertiginoso de la violencia, el presidente decidió el pasado 11 de mayo la incorporación de las otras ramas de las Fuerzas Armadas a la realización de tareas de seguridad pública.

Definitivamente amigo radioescucha, el problema de la delincuencia es muy complejo. Los organismos de derechos humanos se manifiestan en contra de las fuerzas militares para combatir el crimen porque las políticas de seguridad y defensa son distintas. Ni la militarización ni otorgar becas resolverán el problema de la violencia. Contrario a la visión reduccionista y fragmentada de la 4T, urge una visión sistémica que permita entender el problema de manera holística para tomar medidas efectivas en el combate al crimen.



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