La niñez y la crianza respetuosa

 

Con 92 votos a favor y ninguno en contra, el Senado de la República aprobó reformar la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes y el Código Civil Federal con la finalidad de prohibir cualquier tipo de violencia como método disciplinario. La ley condena todo castigo que utilice la fuerza física: golpes, ya sea con la mano o con algún objeto, empujones, pellizcos, mordidas, sostenimiento de posturas incómodas, quemaduras, ingesta de alimentos hirviendo o cualquier otro método supuestamente correctivo que tenga como objeto causar dolor o malestar.

La iniciativa surge a partir de fundamentos estadísticos. En México, el 63% de las niñas y niños menores de 14 años ha sufrido al menos una forma de violencia durante el último mes. 6% de estos castigos fueron palizas y golpes con algún objeto. Además, 20% de las mujeres entre 15 y 17 años sufrieron algún tipo de violencia en el ámbito familiar, lo que se traduce en cerca de 700 mil mujeres adolescentes que fueron maltratadas en su propio hogar. En uno de cada dos casos los responsables de la agresión fueron la madre o el padre.

Si bien algunos manifiestan su inconformidad con la reforma debido a que ven en los castigos un modo de educación, también es cierto que diversos estudios han detectado que hay una fuerte correlación entre el comportamiento delictivo doloso y los castigos corporales. En efecto, diversas conductas antisociales y agresivas desarrolladas en la juventud y adultez parecen surgir como consecuencia del castigo corporal recibido cuando niño. Uno de los hallazgos revela incluso que los castigos corporales afectan la capacidad para adquirir valores morales de quienes los sufren.

Ahora bien, no debe confundirse esta reforma legal con la prohibición de educar. La ley establece claramente que los niños, niñas y adolescentes tienen el derecho de recibir orientación, educación, cuidado y crianza por parte de su madre, padre o tutor, así como por parte de los encargados y el personal de instituciones educativas, deportivas, religiosas, de salud o de cualquier otra índole. De modo tal que lo que se prohíbe es el castigo físico o el maltrato que sea humillante o denigrante, no el derecho a ser educado.

Definitivamente, amigo radioescucha, el llamado es a procurar el necesario y delicado balance que nos permita disciplinar y educar sin maltratos físicos o mentales que desvaloricen y humillen a nuestros niños, niñas y adolescentes. La pregunta que debemos hacernos ahora es si estamos preparados para renunciar a la violencia de todo tipo y asumir enteramente toda la responsabilidad que amerita criar respetuosa y amorosamente a nuestros hijos. ¿Usted lo cree así?



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