La superaremos y la sobreviviremos

 

Desde el resguardo de nuestras casas nos llegan las fotos de las calles desoladas en Sao Paulo, París, San Francisco o Nueva Delhi. Desde la pantalla de nuestro teléfono vemos imágenes que nos recuerdan tantas películas de la industria cultural hollywoodense con ciudades plagadas de zombies y animales salvajes. Y no podemos negar, que esta soledad nos provoca miedo y unos cuantos escalofríos que nos obligan a recogernos por temor. La naturaleza, por el contrario, florece y cantan multitud de pájaros recordándonos que apenas comienza la primavera.

Algunos de los más ancianos recuerdan la pandemia de la Gripe Española, allá en 1918. La Gripe Española no es originaria de España, a pesar de su nombre. Se originó en Kansas y llegó a México entre septiembre y octubre de ese mismo año. En aquella pandemia enfermó la mitad de la humanidad y murió posiblemente el 6% de la población mundial. Se estima que fallecieron 300 mil mexicanos por aquella terrible enfermedad. Los más viejos de entre nosotros recuerdan que tuvieron que habilitarse nuevos cementerios porque ya los cuerpos no cabían en los existentes.

Un siglo más tarde nos ha tocado vivir otra pandemia en circunstancias radicalmente distintas. El mundo globalizado nos ha permitido que atestigüemos en tiempo real lo que viven en Milán o Nueva York. Un mensaje telefónico permite que en cuestión de segundos podamos saber de la salud de nuestros familiares y amigos que viven lejos. Ese nuevo mundo, nos permite también que podamos ver los camiones del ejército europeo transportando a los fallecidos de Bérgamo. Vivimos una pandemia mundial de miedo como nunca antes había sido vista por la humanidad.

Llama la atención la aparente contradicción que nos trae esta experiencia. Si bien, contamos con las más modernas tecnologías que nos han posibilitado coordinar estrategias de prevención del contagio y compartir información científica sobre el virus a nivel global, esta misma tecnología nos permite atestiguar lo vulnerable que somos. Nos permite caer en cuenta cómo sí es posible fallecer ante una simple tos y desaparecer a causa de una cosa, invisible, a la que llaman virus y que ni siquiera llega a ser considerada un ser vivo.

Definitivamente, amigo radioescucha, la pandemia del COVID-19 nos llama a atender la vida con una visión de mayor humildad. La pandemia nos convoca a reconocernos desde nuestra vulnerabilidad. Hace un siglo, cuando los imperios europeos pretendían dividirse al mundo, la Gripe Española golpeaba a la humanidad sin misericordia. Hoy día, cuando vemos el mundo como una aldea, es esa pequeñez de mundo la que se convierte en nuestra principal debilidad. La pandemia la superaremos y la sobreviviremos y, sin embargo -como los viejos de hoy,- no olvidaremos los cementerios.



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