La verdad perseguida

 

El asesinato de los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales y Joaquín César Mora Salazar el pasado 20 de junio ha causado conmoción a nivel mundial. El papa Francisco manifestó su consternación ante el hecho dado además el contexto en el que el crimen fue cometido. Ambos clérigos intentaban salvar la vida de un laico que buscaba refugio en el templo. El presunto homicida, José Nuriel Portillo, conocido como “El Chueco”, tiene una orden de captura desde 2018 por el homicidio de un turista estadounidense. A la fecha, el fugitivo aún no ha sido aprehendido.

Los padres Javier y Joaquín tenían décadas de labor en la Sierra Tarahumara. Hace 50 años, cuando llegó Javier, no había carreteras. El sacerdote recorría los caminos en motocicleta en su misión de apoyo a las comunidades indígenas pobres y marginadas del noroeste mexicano. Por su parte, según indican los moradores, Joaquín resaltaba por sus cualidades como educador e inspiraba confianza en los feligreses por su compromiso con la comunidad.

La vida de ambos sacerdotes refleja la esencia de la Compañía de Jesús. La obra se encuentra cercana a cumplir los 500 años de existencia. Fue fundada por San Ignacio de Loyola en 1540. Tres décadas más tarde, en 1572, llegan a México y promueven la creación de un colegio-seminario. Poco tiempo después ya se encontraban esparcidos por Ciudad de México, Pátzcuaro, Oaxaca, Puebla, Valladolid (hoy Morelia), Zacatecas, Guadalajara, Sinaloa, Durango, Coahuila y San Luis Potosí.

Su labor ha sido siempre materia de controversia. En 1767 el rey español Carlos III decretó su expulsión de todos los territorios. La decisión era consecuencia del desafío de los religiosos jesuitas a la autoridad del monarca. En la Sierra Tarahumara los clérigos se hicieron uno con la cultura rarámuri originaria y participaban de sus danzas y rituales. En México y América Latina el trabajo más sistemático, congruente y consistente en contra de la pobreza y sus causas lo ha realizado la Compañía de Jesús. No es extraño que se hayan granjeado peligrosos enemigos que en muchos casos les cobran con sus vidas.

Definitivamente, amigo radioescucha, la desbordada violencia mexicana se lleva consigo muchas vidas buenas. El sacerdote Jesús Ávila señala que uno de los principales problemas es la impunidad que es cada vez más descarada. “Ya no alcanzan los abrazos para tantos balazos”, profiere el religioso. La denuncia profética jesuita y el estilo frontal de revelamiento de la verdad los ha hecho muchas veces objeto del rencor de los poderosos. Razón tenía San Arnulfo Romero cuando denunciaba que “la persecución es algo necesario… porque la verdad siempre es perseguida”.

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