Los grandes retos del T-MEC

 

La aprobación por el Congreso norteamericano del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, arrancó aplausos de todos, sin importar banderas partidistas. El presidente López Obrador dijo que “es una muy buena noticia”. Incluso el expresidente Vicente Fox, ferviente crítico de la política económica de la 4T, felicitó al presidente López Obrador porque se trata del bien del país, mientras que del otro lado del Bravo, en Estados Unidos, tanto el Presidente Donald Trump como su archienemiga, la representante demócrata Nancy Pelosi, reclaman victoria por la firma del T-MEC.

Las principales diferencias entre el tratado actual y el anterior TLCAN radican en que los automóviles producidos en la región deben tener 75% de sus componentes manufacturados en alguno de los tres países; 40% de las partes de los automóviles deben ser producidos por trabajadores cuyo promedio salarial sea de 16 dólares la hora; y cumplir con una serie de medidas de protección al ambiente, cuyos lineamientos están dictados por las leyes estadounidenses.

Hay otras modificaciones como la incorporación de regulaciones en el ámbito del comercio electrónico, que no existían en el TLCAN y las relativas a la industria automotriz, ante un cambio de paradigma de producción, que demanda alta precisión y automatización, dada la nueva generación de vehículos eléctricos y autónomos. En cuanto a la exigencia de que 40% de las partes deben ser producidas por trabajadores con un promedio salarial de 16 dólares la hora, cabe preguntar: ¿dónde habrá más posibilidades de generar nuevos empleos? ¿En Estados Unidos o en México? La respuesta es obvia.

Otro cambio fundamental entre el TLCAN y el T-MEC es que el primero facilitaba a la industria estadounidense externalizar la producción a México que contaba con regulaciones ambientalistas más laxas y con salarios mucho más bajos. Ahora se incorporan regulaciones ambientales, laborales y salariales al nivel de Estados Unidos. ¿Cómo puede competir México ante estas nuevas reglas de mercado? ¿Qué puede ofrecer nuestro país a los inversionistas de cara al nuevo tratado? ¿Cuáles son nuestras ventajas competitivas ahora?

Definitivamente, amigo radioescucha, el T-MEC aunque es una buena noticia, es también un llamado de alerta. Su tiempo de duración es de 16 años. En el ínter ¿qué transformaciones podremos impulsar para seguir siendo atractivos y competitivos ante un mercado mundial cada vez más distinto al de principios de siglo? No se trata de apresurar respuestas, sino de tener presente la pregunta, por nuestro futuro y nuestro destino como ciudadanos y como nación, con miras a los grandes retos de esta nueva etapa.



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