Nuevas masculinidades y autonomía

 

Durante siglos, la imagen hegemónica de la masculinidad ha sido la del hombre físicamente fuerte y protector de niños y mujeres desvalidas. El modelo es diariamente reforzado por la industria cultural. No importa si es la mexicana o, por ejemplo, la hollywoodense. El estereotipo se repite desde un Hulk o un Jack Reacher hasta el Juan del Diablo de Eduardo Palomo o el Superman de Henry Cavill. No importa las diferencias entre los guiones, el prototipo del personaje protagonista masculino se repite ad infinitum.

Que no se malentienda, el problema no es un personaje en particular, el problema es que sin importar las diferencias, el paradigma masculino es siempre el mismo. Una dictadura que homogeneiza la masculinidad. Con ello, no solo se impone un modo de ser en los hombres, sino que se fundamenta a la sociedad en su totalidad. Por ejemplo, la mujer pasa a ser quién cuida de los hijos, de los padres y de la casa. El hombre no puede hacerlo porque sería un símbolo de debilidad. Y así como esto, muchas otros ejemplos.

Es así que a partir de estos modelos dominantes terminamos viviendo en una sociedad patriarcal. Una estructura machista basada en la dominación y en la que no tienen cabida las relaciones horizontales sostenidas en base al consenso. Por ello, se sustentan en la competitividad y en la supervivencia del más apto sin dar espacio a la cooperación en la construcción del bien común. No es de extrañar entonces que todo desemboque en un modo de vida sumamente agresivo que se expresa desde el bullying o los comentarios sexistas hasta en las formas más graves de violencia física.

En este sentido, los nuevos tiempos van exigiendo de otros modos de expresión de la masculinidad. Un cambio cultural radical que se dirija hacia la conformación de una sociedad más igualitaria, basada en la colaboración entre sus miembros. Una comunidad basada en el respeto y el libre desenvolvimiento de la personalidad y en donde las individualidades tengan plena independencia para desarrollarse de acuerdo a sus potencialidades, preferencias y decisiones particulares.

Definitivamente, amigo radioescucha, los nuevos tiempos exigen de nosotros una actitud más crítica ante los comportamientos cotidianos. La sociedad post-patriarcal es un ejercicio de libertad que exige un cambio en toda la sociedad. Para lograr una mejor vida en las ciudades en las que vivimos debemos impulsar una acción ciudadana más consciente que permita que, a partir del aprendizaje en conjunto, alcancemos una cultura más justa y digna. En fin, una nueva masculinidad para una mayor autonomía en una sociedad más plural.

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