Pemex, en el peor momento, en las peores manos

 

Los pasivos de Pemex ascienden a 4 billones 345 mil millones de pesos, equivalentes a 217 mil millones de dólares. Para que tengamos una idea de lo alto de esta deuda podemos compararla con las reservas del Banco de México. Al cierre de 2020, las reservas nacionales ascendían a 195 mil 667 millones de dólares. Es decir, si pagáramos la deuda de Pemex con los ahorros de todos los mexicanos, nos quedaríamos sin ahorros y todavía estaríamos endeudados.

Además, la producción de crudo no logra recuperarse. El promedio de los principales pozos ha sido inferior al millón de barriles diarios. De esta manera, la producción nacional ha caído de 2.7 millones de barriles diarios, en tiempos del presidente Felipe Calderón, a 1.67 millones en los dos años de López Obrador. Lo irónico es que no ocurre lo mismo con los gastos. Como consecuencia, Pemex refleja pérdidas aun antes de pagar intereses por deuda.

En 2019, la empresa calificadora de riesgo Fitch prendió las alarmas al rebajar a la petrolera a grado especulativo. La respuesta de la actual gerencia de Pemex, distinta a la búsqueda por eliminar las causas de la baja calificación, ha sido la de acallar las alarmas. Así, la empresa optó por cancelar su contrato de servicios con Fitch. En 2019, la calificadora expuso que Pemex necesitaría más apoyo del gobierno que lo previsto. Hace unas semanas, se supo que la Secretaría de Hacienda reduciría la carga fiscal a la petrolera y que la ayudaría con una inyección de capital.

Dicho en palabras llanas, Petróleos Mexicanos no está produciendo ganancias. Por el contrario, está generando pérdidas. Como consecuencia, los dueños -es decir, nosotros los mexicanos- estamos sacando dinero de nuestros bolsillos para mantenerla. Es tan terrible como suena. Si Pemex fuese una empresa privada estaría declarándose en bancarrota. Sin embargo, el respaldo del gobierno la mantiene allí, vegetando como zombie y consumiendo la carne de sus dueños.

Definitivamente, amigo radioescucha, Pemex amerita de una gerencia con una visión estratégica que replantee la empresa con una mirada de negocios acorde con el siglo XXI. La 4T, asentada todavía en el siglo XX, la concibe con mirada de petroestado centralista y controlador. Mientras tanto, el tiempo continúa su implacable pasar y deja cada vez más obsoleta a la mayor empresa de nuestro país. Así, ya hay quienes alertan de las posibles consecuencias en el sistema financiero mundial en la eventual quiebra de Petróleos Mexicanos. Pemex está, en el peor momento, en las peores manos.

Noticias relacionadas



Comenta esta noticia
Top