Coahuila: la voz de las urnas y sus mensajes

 

Las elecciones celebradas ayer en Coahuila dejaron varios mensajes que vale la pena analizar con serenidad. El primero de ellos es, sin duda, la participación ciudadana. Aunque poco más de la mitad del padrón acudió a las urnas, la cifra representa un avance significativo respecto a la elección intermedia de 2020, considerada la referencia más cercana para este tipo de comicios y en los que participó apenas el 39% del padrón. En tiempos en los que la desconfianza hacia la política suele traducirse en abstencionismo, el hecho de que miles de coahuilenses hayan decidido ejercer su derecho al voto es una noticia positiva para la vida democrática del estado.

El segundo mensaje es la contundencia del resultado. El PRI no solo refrendó su condición de fuerza política dominante en Coahuila, sino que amplió su ventaja de manera notable. El llamado “carro completo” obtenido en los 16 distritos electorales confirma una hegemonía que pocos estados del país conservan para un solo partido. Más allá de las simpatías o diferencias ideológicas, los resultados sugieren que una parte importante del electorado interpreta favorablemente el desempeño de la administración encabezada por el gobernador Manolo Jiménez y decidió expresarlo en las urnas.

Por su parte, la alianza entre Morena y el Partido del Trabajo consolidó su posición como la principal fuerza opositora de la entidad. Aunque no logró obtener triunfos por la vía de la elección directa, su respaldo electoral le permitirá tener una presencia relevante en el Congreso mediante las curules de representación proporcional. Esto confirma que la competencia política en Coahuila continúa estructurándose alrededor de dos grandes bloques, tal como sucede a nivel nacional, sólo que aquí Morena no es el partido dominante, lo que mantiene a Coahuila como un caso excepcional, a la luz de lo que ocurre en el resto del país.

La gran sorpresa de la jornada fue la irrupción de Nuevas Ideas. En su primera participación electoral en el estado, logró colocarse como la tercera fuerza política, superando expectativas y alterando el mapa tradicional de los partidos. Del otro lado de la moneda aparecen los casos del PAN y Movimiento Ciudadano. La derrota de ambos era previsible, pero la magnitud del retroceso resulta particularmente preocupante. En especial para Acción Nacional, que durante años fue la principal alternativa política frente al PRI, gobernó importantes municipios y disputó con fuerza numerosos espacios de representación. Hoy enfrenta una crisis de liderazgo y dirección que lo mantiene lejos de aquella posición que alguna vez ocupó.

Definitivamente, amigo radioescucha, la elección de ayer deja lecciones para todos. Para los ganadores, porque ningún triunfo debe interpretarse como un cheque en blanco. Para los partidos derrotados, porque los resultados obligan a una profunda reflexión sobre sus errores y su desconexión con la ciudadanía. Y para los propios ciudadanos, porque demostraron que la democracia sigue viva cuando las personas participan. Al final, más allá de colores, siglas y candidatos, la verdadera ganadora de la jornada fue la participación cívica de miles de coahuilenses que acudieron a las urnas para decidir el rumbo de su estado.



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